(en preparación)
Los Senderos del Chaman
Hay un río que no nace en las montañas. Nace en la memoria.
Los ancianos son ese río. Llevan en sus palabras lo que el viento enseñó a sus abuelos, lo que la tierra susurró a sus madres, lo que el fuego reveló en las noches largas cuando el silencio era más sabio que cualquier pregunta.
Su voz no es solo sonido, hermano, hermana. Es raíz. Es linaje. Es el mapa que alguien caminó con los pies descalzos para que tú no tuvieras que perderte en el mismo bosque.
Pero vivimos en tiempos que honran la velocidad por encima de la profundidad. Tiempos donde la pantalla habla más fuerte que el anciano sentado junto al fuego. Tiempos donde creemos saber porque hemos visto mucho, sin entender que ver no es lo mismo que comprender.
El águila joven vuela alto y rápido. Confía en sus alas. Pero es el águila vieja la que sabe dónde están las corrientes invisibles, dónde el viento sostiene sin esfuerzo, dónde la tormenta llega antes de que el cielo cambie de color. La sabiduría no se aprende sola. Se recibe.
Cuando un anciano habla, el Gran Espíritu habla a través de décadas vividas, de dolores transformados, de alegrías que ya conocen su nombre. No necesitas estar de acuerdo con todo lo que dicen. Pero sí necesitas detenerte. Respirar. Y escuchar con algo más que tus oídos. Escucha con tu pecho. Con tu historia. Con el niño que aún vive en ti y que todavía tiene mucho que aprender.
Hoy, dondequiera que estés, da gracias por los ancianos de tu camino. Por los que aún caminan esta tierra y por los que ya bailan en el viento. Pídele al Creador que ablande tu corazón lo suficiente para recibir lo que ellos tienen para darte.
La sabiduría ancestral no caduca. Solo espera a quien esté listo para escuchar.
El Creador nos recuerda algo esencial: dar gracias por los ancianos es también dar gracias por el camino que no tuvimos que recorrer a ciegas. Su sabiduría es un regalo que no siempre reconocemos a tiempo.
Aho 🦅
No hay comentarios:
Publicar un comentario