Un país desafía las leyes agrarias y transforma toneladas de troncos de plátanos residuales en ropa, papel y bandejas de fruta

 

El sitio informativo del diario Clarín de la República Argentina publicó, el pasado 31 de julio de 2026 una nota sobre el aprovechamiento de los tallos del plátano que suelen quedar abandonados después de la cosecha, y que son fuente de fibras aprovechables para distintos usos. "Ahora, investigadores y empresas buscan convertir esa biomasa en fibra textil, papel y empaques biodegradables" nos dice la publicación. Esperemos que todas las industrias puedan tener esta visión de futuro y generar industrias reciclables y de utilización de insumos que antes de tiraban a la basura y hoy son materia prima de nuevos emprendimientos. Es la esperanza de un mundo mejor...

        "En la agricultura, no todo lo que se cultiva llega al plato. En el caso del plátano, el fruto es apenas una parte visible de una planta enorme. Después de la cosecha, el pseudotallo, el “tronco” formado por bases de hojas, suele cortarse y quedar en el campo.

        Ese residuo puede descomponerse, generar problemas de manejo o perderse como biomasa sin uso industrial. Pero también contiene celulosa, fibras y compuestos que pueden transformarse en materiales.

        Un trabajo sobre el aprovechamiento del pseudotallo de banana en Brasil estimó que el país genera alrededor de 14 millones de toneladas de esa biomasa por año y que el potencial de extracción de fibra podría llegar a 1,11 millones de toneladas anuales.

Cómo los troncos de plátano pueden convertirse en ropa, papel y bandejas

        La clave está en separar la fibra del resto del material. Mediante procesos mecánicos o termomecánicos, el pseudotallo puede abrirse, prensarse y transformarse en fibras que luego se usan para tejidos, pulpa de papel o biocompuestos.

        No se trata de una idea completamente nueva: las fibras vegetales llevan siglos en uso. Lo novedoso es el interés industrial actual por convertir un residuo agrícola masivo en materia prima estandarizada, capaz de competir en algunos nichos con fibras sintéticas o pulpas derivadas de madera.

        Un estudio realizado en 2025 por investigadores de la Universidad Federal de Río de Janeiro y publicado en Packaging Technology and Science probó fibras de pseudotallo de banana mezcladas con goma arábiga para fabricar tableros moldeados pensados como empaques de frutas.

Un trabajador transporta plátanos para vende. Foto ilustrativa: EFE/EPA/HOTLI SIMANJUNTAK
        

        El trabajo comparó esos materiales con bandejas comerciales de pulpa reciclada y encontró que algunas formulaciones tuvieron resistencia a la tracción superior al control, aunque también presentaron mayor absorción de agua.

        Ese último dato es importante. El material promete, pero no es perfecto. Para usarlo en envases reales, hay que resolver humedad, durabilidad, costos, disponibilidad constante, transporte del residuo y procesos limpios de extracción.

        En textiles, la fibra de plátano puede mezclarse con algodón u otras fibras para fabricar prendas, bolsos o artículos decorativos. En papel, puede aportar celulosa a mezclas alternativas. En empaques, ofrece una vía para reemplazar parte de los plásticos o bandejas de pulpa convencional.

        La ventaja ambiental es doble: se aprovecha un residuo que ya existe y se reduce la presión sobre materias primas nuevas. Pero el impacto real dependerá de toda la cadena: si el procesamiento consume demasiada energía o agua, la promesa se debilita.

        Aun así, el giro es claro. Lo que antes era un problema de poscosecha empieza a verse como una "mina" de fibras. Y en países productores, como Brasil, esa diferencia puede cambiar la economía de un cultivo que deja mucho más que fruta".

FuenteDel sitio informativo del diario Clarín de la República Argentina

https://www.clarin.com/estados-unidos/pais-desafia-leyes-agrarias-transforma-toneladas-troncos-platanos-residuales-ropa-papel-bandejas-fruta_0_q63QYWppEZ.html

La imagen de portada pertenece a Clarín y lleva el siguiente epígrafe: "El plátano o banano es un alimento con múltiples beneficios para la salud".

Tras pintar seis animales de granja con rayas blancas para convertirlos en "cebras", encontraron una alternativa natural al uso de insecticidas

La Sección Mundo del diario Uno de la República Argentina publicó, el pasado 20 de julio de 2026, una nota  de andar pintando vacas, aunque usted no lo crean, para no tener que usar insecticidas. Transformar vacas en cebras no es algo común, pero así se reduce el estrés en el ganado. La periodista Valentina Araya nos trae este estupendo trabajo tan alentador.  

         "Un grupo de investigadores japoneses decidió probar una idea tan simple como llamativa en estos animales. Se trata de pintar con rayas blancas a seis vacas negras de la especie Japanese Black para comprobar si el característico patrón de las cebras podía protegerlas de las moscas que se alimentan de sangre.

        La hipótesis era que las rayas alteran la percepción visual de estos insectos durante los últimos centímetros del vuelo. Aunque las moscas consiguen acercarse al animal, tendrían dificultades para calcular el aterrizaje, por lo que muchas terminan desviándose o rebotando antes de posarse sobre la piel.


Pintan vacas con rayas de cebra y descubren un inesperado efecto contra las moscas en estos animales

        El estudio con estos animales se llevó a cabo en el Centro de Investigación Agrícola de Aichi, ubicado en la ciudad japonesa de Nagakute, y utilizó seis vacas preñadas. Cada una fue sometida a tres tratamientos distintos, rayas blancas sobre el pelaje negro, rayas negras, como grupo de control para descartar que el efecto se debiera al olor de la pintura, y, finalmente, sin ningún tipo de pintura.

        Las rayas se aplicaban con pintura blanca común utilizada para animales. El efecto en las vacas duraba alrededor de unas semanas, dependiendo de las condiciones climáticas y del desgaste natural del pelaje.

Los resultados de este estudio

        Los resultados fueron contundentes. Las vacas con rayas blancas registraron casi un 50% menos de aterrizajes de moscas que las vacas sin pintar o aquellas con rayas negras. Además, mostraron una reducción cercana al 20% en los comportamientos defensivos que suelen realizar para ahuyentar a los insectos, como sacudir la cabeza, mover las orejas, golpear con la cola o dar patadas.

        En promedio, las vacas rayadas realizaron 39,8 movimientos defensivos cada 30 minutos, frente a los 53 registrados en las vacas sin pintar y los 54,4 observados en las que tenían rayas negras. Para los investigadores, estos resultados respaldan la idea de que el patrón de las cebras podría inspirar una alternativa sencilla para reducir el estrés causado por las moscas en el ganado."

Fuente: Del sitio informativo del Diario Uno de la República Argentina

https://www.diariouno.com.ar/tras-pintar-seis-animales-granja-rayas-blancas-convertirlos-cebras-encontraron-una-alternativa-natural-al-uso-insecticidas-n1576818#google_vignette

La imagen de portada pertenece a Uno y lleva el siguente epígrafe: "La investigación en animales de granja busca replicar el patrón de las cebras para ofrecer una solución ecológica y reducir el estrés del ganado". 

China pone a trabajar miles de patos en sus campos y mejora de manera sorprendente la calidad de los cultivos


La Sección Mundo del diario Uno de la República Argentina del pasado 19 de julio de 2026 publicó una nota alentadora: China mejora sus cultivos gracias a los patos. Aunque usted no lo crea, este país está probando nuevas formas de cultivos y protección de los mismos con métodos naturales, evitando los agroquímicos y formas contaminantes de trabajar el agro. A ver qué les parece esta forma patística (por los patos) de actuar! La nota es de la periodista Valentina Araya

        "En un contexto donde la agricultura busca producir más con un menor impacto ambiental, un China encontró una solución tan inesperada como efectiva. Se trata de utilizar miles de patos para cuidar sus cultivos.

        Lejos de ser una simple tradición rural de China, esta práctica con estos animales se convirtió en una estrategia clave para combatir plagas, mejorar la calidad del suelo y reducir el uso de productos químicos.


China encontró una solución inesperada para sus cultivos: miles de patos contra las plagas

        En distintas provincias de China, especialmente en los arrozales, los agricultores liberan miles de patos para que recorran los campos. Mientras avanzan, las aves se alimentan de insectos, caracoles, malezas y otras plagas que afectan al arroz. Al mismo tiempo, sus desechos actúan como fertilizante natural, enriqueciendo la tierra sin necesidad de recurrir a abonos sintéticos.

        Este método permite disminuir el uso de pesticidas, reducir costos de producción y obtener cultivos más sostenibles. Además, el movimiento constante de los patos ayuda a oxigenar el agua de los arrozales y dificulta el crecimiento de malezas, creando un equilibrio natural que favorece el desarrollo de las plantas.


Los patos en China

        Aunque existen experiencias similares en otros países asiáticos, China es la nación que más ha impulsado esta práctica y la ha convertido en un símbolo de su agricultura sostenible. El sistema demuestra que, en algunos casos, las soluciones más innovadoras no requieren grandes avances tecnológicos, sino aprovechar los procesos de la naturaleza para producir alimentos de manera más eficiente y respetuosa con el medioambiente.

        La ventaja no termina en el cultivo. Cuando termina la temporada del arroz, los agricultores pueden aprovechar los propios patos como fuente adicional de alimento o ingresos, creando un sistema donde una misma actividad produce varios beneficios. Aunque parece una innovación moderna, el uso de patos en los campos de arroz tiene raíces antiguas en Asia. Durante generaciones, agricultores chinos combinaron la cría de animales con la producción agrícola siguiendo un principio conocido como agricultura integrada, donde los residuos de una actividad sirven para beneficiar a otra." 

Fuente: Del sitio informativo del diario Uno de la República Argentina

https://www.diariouno.com.ar/sociedad/china-pone-trabajar-miles-patos-sus-campos-y-mejora-manera-sorprendente-la-calidad-los-cultivos-n1576307#google_vignette

La imagen de portada pertenece a Uno y lleva el siguiente epígrafe: "En China, miles de patos trabajan en los campos para mejorar la calidad del suelo, representando un avance en agricultura sostenible."

Rachel Carson, la que salió a decir la verdad


        Sabía perfectamente que se estaba muriendo. Sabía que la tildarían de loca, de histérica y de ignorante. Le dio igual. Se sentó a escribir el libro de todos modos.

        Su nombre era Rachel Carson. En 1962 cometió el peor pecado para la industria estadounidense de la posguerra: salir a decir la verdad en voz alta.

        Hacía tiempo que venía atando cabos en silencio. Le inquietaba que los pájaros aparecieran tiesos en los jardines de las afueras, que las aguas de los arroyos bajaran llenas de peces flotando y que los granjeros rociaran toneladas de químicos sobre los campos sin que nadie se molestara en preguntar qué mierda le hacía todo eso a la tierra, a los animales y a la gente que se comía esas cosechas.

        Tiró de la piola y lo que encontró fue de terror.

        Los pesticidas que se vendían como la solución mágica para todo —con el famoso DDT a la cabeza— no se quedaban tranquilos en el pasto. Se metían en la tierra, contaminaban las napas de agua, se acumulaban en la grasa de las aves y terminaban en el cuerpo de los seres humanos. Nadie estaba estudiando el impacto real a largo plazo.

        Ella lo documentó todo. Con una paciencia infinita, con datos duros, con referencias científicas inapelables y con una frialdad que asustaba. Tituló el libro "Primavera silenciosa", una metáfora demoledora sobre un futuro no muy lejano donde marzo llegara sin el canto de los pájaros.

        Sabía la que se le venía encima. Y no se equivocó.

        La industria química desembolsó millones para despedazar su reputación. La llamaron de todo: histérica, fanática, emocional, una solterona senil que prefería a las alimañas antes que al progreso humano. Un ejecutivo llegó a decir en televisión que lo que ella quería era devolverle el planeta a los insectos. Intentaron ningunearla como si fuera una aficionada que no entendía de química, ignorando a propósito que Carson tenía un posgrado en zoología, años de trabajo en el servicio de pesca y una carrera intachable como divulgadora.

        Pero lo que la prensa y los magnates no sabían era que Rachel estaba librando otra batalla en secreto. Tenía un cáncer de mama brutal que ya le había hecho metástasis.

        Se lo guardó bajo siete llaves. Tenía pánico de que la industria usara su enfermedad para desacreditarla, argumentando que sus denuncias eran el delirio de una mujer resentida por el dolor. Así que se bancó la quimioterapia en silencio, disimuló el deterioro físico y en 1963, cuando el Senado la citó a declarar, se plantó en esa sala demacrada pero impecable, a responder preguntas durante horas.

        No fue a dar lástima. Fue a decirles en la cara que los ciudadanos tenían derecho a saber con qué estaban envenenando su comida. Les dijo que el gobierno estaba mirando para otro lado y que quedarse callados ya era un crimen.

        El presidente John F. Kennedy terminó ordenando una investigación oficial a su equipo de científicos. El dictamen final le dio la razón en casi todo.

        Rachel Carson murió en abril de 1964, apenas dieciocho meses después de lanzar el libro. Tenía 56 años. No llegó a ver la prohibición del DDT en Estados Unidos, ni la fundación de la Agencia de Protección Ambiental en 1970, ni el primer Día de la Tierra, ni la avalancha de leyes ecológicas que desencadenó su trabajo. No estuvo viva cuando el mundo por fin tuvo que agachar la cabeza y admitir que la mujer tenía razón.

        Pero terminaron admitiéndolo.

        Las águilas calvas volvieron a los cielos de Norteamérica. Los halcones peregrinos salieron del peligro de extinción. Y una generación entera de científicos aprendió que el deber de la ciencia no es solo descubrir cosas, sino también dar la alarma cuando estamos metiendo la pata.

        Carson no escribió ese libro buscando aplausos ni dinero. Lo escribió porque vio la catástrofe que se venía y entendió que la neutralidad era una cobardía mortal.

        A veces, la mayor muestra de coraje consiste en sentarte a la mesa, mientras el cuerpo se te cae a pedazos, a redactar la advertencia que nadie en el mundo quiere escuchar.

        Ella la redactó. Y si hoy las primaveras siguen teniendo música, es en gran parte gracias a ella. 

Fuente: Del sitio de facebook de Braindedd.

Malvinas: Carta de un marino inglés

  

RECORDANDO MALVINAS “CARTA DE UN MARINO INGLES”

        La carta fue escrita a su esposa, por el Marino y Oficial Británico David Tinker antes de morir en el HMS Glamorgan, el 12 de junio de 1982, atacado por un misil Exocet MM-38 argentino (MM-38 / Mar Mar-38) lanzado desde tierra con el sistema ITB. (Instalación de Tiro Berreta)

Querida Christine:

        Es muy fácil comprender cómo se ha desatado la guerra: nuestra Primera Ministra se imaginó que era Churchill desafiando a Hitler, y la Marina la apoyó para obtener publicidad y popularidad rápidamente. Estoy seguro de que de esta destrucción sólo se beneficiarán Mrs. Tacher y los fabricantes de armas.

        Lo que más me apena es que no hay causa para esta guerra, y si somos honestos, los argentinos son mucho más patriotas con respecto a las Malvinas que nosotros con las Falklands. Y lo que la primera ministra no comprende, es que los argentinos creen firmemente que las Malvinas son de ellos.

        Han enviado contra nosotros pilotos en misiones suicidas, en viajes sin regreso, porque estamos fuera de su alcance, y eso que ellos no tienen helicópteros de rescate en el mar para recuperar después a los pilotos.

        Los pilotos argentinos enfrentan cada día misiles antiaéreos de aplastante superioridad.

        Realmente, la valentía de esos hombres demuestra que tienen mucho más que un tibio interés en estas islas.

        Considerando la tragedia, la angustia, y el horror de las vidas perdidas, que han sido sacrificadas de buena gana por los políticos para tapar la ineptitud y necedad de su gobierno, considerando además los resultados en dolor, pérdidas económicas y pérdidas de buques para Gran Bretaña, me parece a mí que esta es la guerra más inútil que Gran Bretaña ha hecho en toda su historia.

        Espero que todo esto termine pronto... Creo que los argentinos ya han demostrado honorablemente su valentía.

David"


Fuente: Periodista y analista político Ric Sar Ricardo Sarmiento.

Libro: Malvinas. Cartas de un marino inglés. “David Tinker”. Compilada por Hugh Tinker.

Editorial EMECE. – 1984 -

Foto: Orden Héroes de Malvinas a lo Servicios Distinguidos en Malvinas. Fuerza Aérea Argentina.

Colección Miguel Ángel Martinez

Fuente: Del sitio de facebook de "Historias Perdidas y Encontradas de Bs.As y Argentina" por Diego Weinstein.

Malvinas: el apogeo de la impunidad

 

MALVINAS, ESCUCHEMOS AL ESTAQUEADO

EL APOGEO DE LA IMPUNIDAD

        Damas y caballeros, somos unos hijos de los eufemismos. Transitamos la Era del eufemismo. Nuestra historia se puede relatar desmenusándolos.

        Antes de desembocar en la herida de Malvinas, un muestrario de eufemismos naturalizados. Por empezar, el alevoso de Hiroshima y Nagasaki. El anuncio de esos “exitosos” estallidos dijo que se “soltaron” dos bombas. ¿Se soltaron o se arrojaron? Se soltaron “para conseguir la paz más rápido” ¡Flor de coartada! Más acá se perpetraron otros eufemismos; a los genocidios se los elogia, se los llama “guerras preventivas”. La madrequelosparió, y el padre.

        Así vamos, meta eufemismos: al degüello laboral se le dice “racionalización”; a los desgajados se los nombra sujetos en “situación de calle”; los femicidios se justifican como “crímenes pasionales”; al hambre de millones se lo minimiza como “insuficiencia alimentaria”; las invasiones con sed de petróleo se rotulan “intervenciones para restaurar democracias”. Despabilémonos, salgamos de la indiferencia activa. Tanto cinismo es auspiciado por los elefantes medios de (des)comunicación que, campantes, naturalizan la voladura y cremación de escuelas, maternidades, aldeas. Entonces dicen “efectos colaterales” de “misiles inteligentes” ¿Errar es humano? Otra vez: la madre que los parió. Y el padre.

        La costumbre del eufemismo lleva al apogeo de la impunidad. Los muchachos del Pentágono, ¿cómo nombran a la inocultable tortura? El colmo: le dicen “interrogatorios exigentes”. Por tercera vez: la madre que los parió. Y el padre. Y, ya que estamos, les abueles.

        A propósito de torturas: en el nombre de patria aquí se torturó a rajacincha. En el año 1982 después de Cristo, en esta patria idolatrada, se desnucó la condición humana con la torturación de soldados malvinenses. Esa herida sangra ¿La censura silenció? La excusa destiñe: la censura fue cierta; la obsecuencia mediática ¿fue menos cierta?

        Memoremos: la de Malvinas, fue una (des)guerra. Bravuconada etílica. Consagración de la absurdidad ¿Cuándo nos interrogaremos como sociedad: hasta qué punto nos estafaron y hasta qué punto nos dejamos estafar? También la (des)guerra sucedió al compás de entusiastas pulpos medios descomunicadores. Con el desembarco, pasamos de la euforia patética a la depresión vergonzante. Muchos argentinos –demasiados– vivieron la (des)guerra con la adrenalina de un Mundial. A décadas de aquella suicidante bravuconada, para la reconquista real tendremos que aprender modos de coraje menos sonoros; aprender que paciencia es lo contrario de resignación. Esto nos enseñan, sin el barullo de las palabras, las Madres Abuelas de Plaza de Mayo. Tan insomnes, tan porfiadas parteras de la memoria, ellas.

        Por estos días el expediente referido a las torturas en Malvinas llegó a la Corte Suprema. Por fin revisará un fallo propio y definirá si las torturas a soldados son o no delitos de lesa humanidad, que no prescriben (aclaración: en el año 2015 la Corte Suprema falló en contra de la presentación del CECIM LA PLATA y de los Combatientes).  Ahí tenemos la deuda externa (en dólares), y la deuda interna (traducida en pobreza, analfabetismo y analfabetización), y la deuda interior (la que consuma la desmemoria). Así es: hay asuntos de lesa humanidad que nos siguen pendientes. En la invasión cometida por nuestros corajudos de oficina hubo improvisación, cobardía, necedad. Y hubo torturadores de soldados propios. Flagelaron a jóvenes ateridos y aterrados. No usaron picanas persuasivas, estaquearon, horas enteras, a cuerpos de soldados hambreados. O los enterraron, de cuerpo entero, sólo con la cabeza libre. El reclamo de las víctimas, no es un yogur, no tiene vencimiento.

        Aquella torturación continúa. Hay atrocidades que no prescribirán mientras el sol esté vivo.

        Sucedió. Entre varios, más de un soldado, atravesado por el hambre, “robó una lata de dulce”; alguno salió desesperado por comida, “cazó una avutarda y la cocinó”. Se recuerda por la fecha al soldado estaqueado en la interminable noche del 25 de mayo de 1982… Hay un momento en el que las palabras enmudecen, pierden el pulso. Es ahí entonces cuando acudimos al leve movimiento de la crónica quieta, hacia la leve ficción. Uno necesita que el grito alaride, y pide ayuda a la poesía.

        Salgamos de la conciencia digestiva y vayamos con aquel soldado estaqueado. Noche, frío, plena intemperie, el soldado gime, llama a su madre. La suya no es pesadilla de almohada: sucede en carne viva. Ahí está él, arrojado a la absurdidad. Escuchemos al desguarnecido, ahora busca a su madre, tan lejana…

CRUZ DEL SUR, CRUZ EN EL SUR

–De espalda, solo, / de cara a todo el cielo, aquí estoy: / me han crucificado en la tierra, mamá. Y tengo frío. / Sol ¿hubo alguna vez?

Sin semblante y sin saliva, / el pavor anegó mi corazón. / Me duele tanto el aire, ¿cómo era respirar, mamá? / Y esta noche, qué oscura se ha vuelto la noche / sin una estrella sin el lucero sin un pedacito de luna.

Ay, si mañana va ser como hoy, no me despiertes, mamá.

(La noche y la intemperie, continúan implacables).

–¿Estás ahí? ¿Dónde estás? / Nadie. Nada. / Te estoy llamando, alarido, no me responde tu aliento.

Pobrecita mamá, pronto te dirán madre.

Ay, madre madre, ¿por qué me has abandonado?

–Hijo, hijito, ya vuelvo. He salido a buscar a la patria.

–No vayas, madre, detente: a la patria la han saqueado.

–Los saqueadores, hijo, ¿quiénes son?

–Son ellos: los que inflando el pecho y alzando el mentón miran los desfiles desde el palco. Los bien comidos los bien abrigados los mal paridos, / los que nunca rozaron el honor, / los que eructan el grito sagrado. / Son ellos, mamá: los siempre ilesos.

(Al estaqueado, contra la tierra tan crucificado, ahora el cielo lo mira desde muy arriba. Pero no se baja el cielo. Se queda en el cielo, el cielo. ¿Indiferente o estupefacto? ¿Aterrado o acielado?)

¿Y Dios? Dios no puede no ver lo que ve / y entonces se tapa la mirada, se tapa el horror. / Dios mío, gime Dios.

Silencio y sur. Y cruz del sur. Y cruz en el sur.

La escandalosa impunidad de la nieve.

Damas y caballeros, aquí no ha pasado nada. / Como siempre.

Pero a las palabras que se lleva el viento, / el mismo viento las devuelve. / Por favor, sigamos escuchando:

–Madre, madre, ¿por qué me has abandonado?

–Hijo, hijito, he salido a buscar a la patria.

–Madre, para qué, / si a la patria no le quedan ni los mástiles.

–Encontraré, hijito, encontraré a la patria…

–¿Dónde?

–Debe estar escondida, guardándose…

–¿Dónde dónde?

–Se me hace que vientre adentro de la Mapatria Grande.

–Vuelve pronto, madre.

–Seguro que volveré.

–Pero si mañana es como este 25 de mayo de 1982, / por piedad, no intentes despertarme. / No, no quiero día de mañana. / Y sé buena, rápido coseme los párpados. (Rodolfo Braceli, Página 12, 20/10/2021)

Fuente: Del sitio de facebook de Pensamiento Discepoleano

Palabras a Delmira Agustini

por Alfonsina Storni,

poetisa suizo-argentina (1892-1938)

Estás muerta y tu cuerpo, bajo uruguayo manto,

Descansa de su fuego, se limpia de su llama, 

Sólo desde tus libros tu roja lengua llama

Como cuando vivías, al amor y al encanto. 


Hoy, si un alma de tantas, sentenciosa y oscura,

Con palabras pesadas va a sangrarte el oído,

Encogida en tu pobre cajoncito roído

No puedes contestarle desde tu sepultura.

Delmira Agustini, fallecida en 1913

Pero sobre tu pecho, para siempre deshecho,

Comprensivo vigila, todavía, mi pecho.

Y, si ofendida lloras por tus cuencas abiertas


Tus lágrimas heladas, con mano tan liviana

Que más que mano amiga parece mano hermana,

Te enjugo dulcemente las tristes cuencas muertas. 


Fuente: Del libro "Antología Poética" de la Biblioteca Clásica y Contemporánea de Editorial Losada, séptima edición 1976, Buenos Aires, Argentina. Impreso en la Argentina. 


El ruego

por Alfonsina Storni,
poetisa suizo-argentina (1892-1938) 

Señor, Señor: hace ya tiempo, un día,

Soñé un amor como jamás pudiera

Soñarlo nadie, algún amor que fuera

la vida toda, toda la poesía. 


Y pasaba el invierno y no venía,

Y volvía a llegar la primavera,

Y el verano de nuevo persistía, 

Y me  hallaba el otoño con mi espera. 



Señor, Señor: mi espalda está desnuda;

Haz restallar allí con mano ruda

El látigo que sangra a los perversos!


Que está la tarde ya sobre mi vida,

Y esta pasión ardiente y desmedida

La he perdido, Señor, haciendo versos!

                            Ilustración de Álvarez

Fuente: Del sitio de la Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital. Revista Caras y Caretas del 4 de diciembre de 1920, número 1157, Buenos Aires, República Argentina. 

La imagen de portada pertenece a la artista plástica Olga Dandorf y se titula "Esperando"

Esta tarde

 

 por Alfonsina Storni,

poetisa suizo-argentina (1892-1938)

Ahora quiero amar algo lejano…

algún hombre divino

que sea como un ave por lo dulce,

que haya habido mujeres infinitas

y sepa de otras tierras, y florezca

su palabra en sus labios, perfumada:

suerte de selva virgen bajo el viento…


Y quiero amarlo ahora. Está la tarde

blanda y tranquila como musgo espeso.

Tiembla mi boca y en mis dedos finos

se deshacen mis trenzas lentamente. 


Siento un vago rumor… Toda la tierra

está cantando dulcemente… Lejos

los bosques se han cargado de corolas, 

desbordan los arroyos de sus cauces,

y las aguas se filtran en la tierra

así como mis ojos en los ojos

que estoy soñando embelesada…


Pero

ya está bajando el sol tras de los montes…

las aves se acurrucan en sus nidos…

la tarde ha de morir y él está lejos…

lejos como este sol que para nunca

se marcha y me abandona, con las manos

hundidas en las trenzas, con la boca

húmeda y temblorosa, con el alma

sutilizada, ardida en la esperanza

de este amor infinito que me vuelve

dulce y hermosa…

Ilustración de Larco 

Fuente: Del sitio de la Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital. Revista de Caras y Caretas, 28 de agosto de 1920, número 1.143, Buenos Aires, Argentina. 

La obra pictórica de portada pertenece a William-Adolphe Bouguereau (1825-1905), "Flora And Zephyr" , 1875.

Relato de Lunita Alegre en Malvinas

 (en preparación)



Malvinas Historias de Coraje


𝐑𝐞𝐥𝐚𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐑𝐨𝐥𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐄𝐬𝐭𝐞𝐛𝐚𝐧 “𝐋𝐮𝐧𝐢𝐭𝐚” 𝐀𝐠𝐮𝐢𝐫𝐫𝐞

𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘪𝘥𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘊𝘢𝘳𝘵𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢

Mi apellido es Aguirre, Rolando Esteban, soldado clase 62, de la ciudad de Quitilipi, Chaco. Presté servicio militar en el Regimiento Infantería 12, Mercedes, Corrientes. Mi partida del Regimiento 12 fue en tren hasta Río Negro y después nos llevaron en un avión de Aerolíneas Argentinas a las islas, a Puerto Argentino, y de ahí nos llevaron a Puerto Darwin, en un helicóptero Chinook. Mi posición de combate era sección de apoyo. Cuando estuvimos en Darwin, nos tocó cerca de la pista de Pucarás. Me dicen Luna o Lunita. ¿Por qué me dicen así? Es una historia vieja, de antes de la guerra. 

El 1º de mayo fue el primer ataque aéreo y yo recibí la orden del teniente Primero Muñoz Cabrera que agarre el tractor azul marca Ford, que cargue la munición y siga a mi sección. Cuando atacaron a los aviones Pucará la onda expansiva me tiró como cincuenta metros. Volé en el aire. Para mí en ese momento empezó la guerra y me di cuenta lo que era disparar munición de fogueo y lo que era la guerra de verdad. Ahí vi los primeros muertos en la pista, murieron algunos pilotos, mecánicos y soldados que estaban limpiando. Ese fue el inicio de la guerra para mí. 

No recibí ninguna carta. Aunque algunos soldados recibían, casi que no nos llegaba nada, en realidad. Luego de volver, supe que mandaban muchas cosas pero no nos llegaba casi nada. Estábamos muy lejos de Puerto Argentino. Cada tanto los helicópteros nos tiraban bolsas con raciones de comida. Escribí una sola carta para mi familia. Fue antes de ir a las islas. Y ya estando en las islas recibí una sola carta de mi familia que decía que me quede tranquilo, que no iba a pasar nada. Luego de eso, perdí todo el contacto con mi familia. No sé si eso te hace más fuerte. Tal vez. Te das cuenta de que estás solo, más allá de que tengas familia o no tengas familia. En los momentos límite de la vida es uno solo, no hay más. Es uno contra el mundo. 

Cuando íbamos viajando en los trenes y pasábamos las ciudades y los pueblos, la gente y los chicos se acercaban y te aplaudían, te saludaban, te daban cosas para comer, abrigos, de todo. En una de esas paradas de tren, nos llevaban a casas de familia a bañarnos. Yo tuve la suerte de que la casa de familia que me tocó a mí, me enteré mucho después, que la señora de esa casa le había escrito una carta a mi familia, y mi mamá no me lo había contado. Eso me enteré mucho después, cuando ya volví. Y a esa señora me la crucé de nuevo mucho después cuando volví y me dijo que todavía tenía una foto que nos sacamos ese día en el comedor de su casa. Una foto con un soldado argentino. Me dijo que todavía la guardaban. Luego no la vi más a esa señora. No sé exactamente qué decía esa carta porque nunca la vi, pero me dijeron que más o menos decía que el soldado tal –o sea yo– había pasado por acá, que me bañé, almorcé y cené con ellos y que estaba todo bien. 

En Darwin fue dura la vida pero el tiempo te va preparando, y uno va tomando confianza de lo que es la verdadera guerra, el verdadero combate, con armas de verdad, y enfrentar que sos vos o el enemigo. Y de repente te das cuenta que a tu lado tenes a los verdaderos hermanos, las verdaderas personas que van a dar la vida por vos, y uno se tiene que aferrar a eso. He perdido compañeros, hermanos, veteranos de guerra como Nestor Oscar que era de mi pueblo. Y bueno después tenemos miles de anécdotas de la guerra, de la vida allá, de todo. Muchas anécdotas. 

El tema de la comida fue difícil. Teníamos un compañero, de mi pueblo también, que era especialista en matar ovejas. Las guardábamos entre las mantas para hacerlas charque y así las comíamos, pero es como digo… El tiempo te va preparando y, bueno, la cosa era sobrevivir, sobrevivir a todo, a la vida, al enemigo. Estuvimos cuarenta y ocho días en Malvinas, algo así, y siempre recibimos ataques aéreos pero la matanza, por decirte así, fue cuando vino el Papa a la Argentina. No quiero decir que el Papa nos traicionó pero si quiero decir que la Argentina le hizo, tal vez, mucho caso al Papa. Todos nos preparamos para venir al continente, terminaba la guerra, y resulta que cuando nosotros salimos de las posiciones fue donde los ingleses desembarcaron para hacer lo que hicieron, desembarcar y tomar la isla. O sea, que no quiero decir que estuvo en contra nuestra el Papa ni nada por el estilo, pero sí que la Argentina fue la única que le hizo caso al Papa. 

Me acuerdo bien que cuando nos quedamos sin posición, tuvimos que enfrentarnos a ellos sin posición. Nos bombardearon la retaguardia y tuvimos que hacerle frente a ese desembarco y, bueno, ahora me viene a la memoria, después de tanto que pasó la guerra me encuentro al padre Mora que era quien nos daba misa en Malvinas. 

Pero fue ese momento donde Argentina realmente pierde la guerra. Enfrentamos a los ingleses sin posición y con poco armamento. Aparte de estar agotados de tantos días de recibir ataques aéreos y navales, y con la escasez de comida y el frío. Teníamos el mundo en contra pero yo creo que el soldado argentino dio todo lo que tenía. No, no dio todo lo que tenía, dio más. Le juramos a la bandera defender a la Patria hasta perder la vida, así que nos plantamos ahí, con lo que había, y peleamos. 

Con mi familia no hablé nunca de la guerra ni me hicieron preguntas ni nada. Hoy me doy cuenta que a la vuelta era, tal vez, el momento de tener un acercamiento más con la familia o afianzarse eso, pero, bueno, no se dio. Eso no quiere decir que no era una familia. Pero, bueno, no se dio. No sé por qué no me preguntaban pero era como un tema que no se tocaba. Yo siempre aconsejo a las personas, a mis compañeros, pregúntele a su hijo como le fue en la escuela, si le fue bien o mal, ¿qué tal te fue en el trabajo? Algo, porque es lo que uno espera. En mi caso no se dio. Es lo que me tocó y así me tocó salir adelante. 

Yo me siento bien pero la herida siempre queda. Con mis hijos siempre hablo y ellos saben de mi boca lo que viví. Yo no puedo decir otra cosa que no haya vivido yo y no puedo hablar por otro, pero ellos saben bien lo que yo viví por mi boca. Y está bien que así sea. Eso está bien Ver menos