Al que está solo
Aparición urbana
¿Surgió de bajo tierra?¿Se desprendió del cielo?Estaba entre los ruidos,herido,malherido,inmóvil,en silencio,hincado ante la tarde,ante lo inevitable,las venas adheridasal espanto,al asfalto,con sus crenchas caídas,con sus ojos de santo,todo, todo desnudo,casi azul, de tan blanco.
Hablaban de un caballo.Yo creo que era un ángel.
Fuente: Del sitio de facebook de I-Letrado.
Canción de la muerte pequeña
Prado mortal de lunas
y sangre bajo tierra.
Prado de sangre vieja.
Luz de ayer y mañana.
Cielo mortal de hierba.
Luz y noche de arena.
Me encontré con la muerte.
Prado mortal de tierra.
Una muerte pequeña.
El perro en el tejado.
Sola mi mano izquierda
atravesada montes sin fin
de flores secas.
Catedral de ceniza.
Luz y noche de arena.
Una muerte pequeña.
Una muerte y yo un hombre.
Un hombre solo, y ella
una muerte pequeña.
Prado mortal de luna,
la nieve gime y tiembla
por detrás de la puerta.
Un hombre ¿y qué? Lo dicho.
Un hombre solo, y ella,
Prado, amor, luz y arena.
Fuente: Del sitio de facebook de I-Letrado.
Canción del jinete
Córdoba.Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande,y aceitunas en mi alforja.Aunque sepa los caminosyo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,jaca negra, luna roja.La muerte me está mirandodesde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo!¡Ay mi jaca valerosa!¡Ay, que la muerte me espera,antes de llegar a Córdoba!
Córdoba.Lejana y sola.
Fuente: Del sitio de facebook de I-Letrado.
El poeta y la muerte
por Antonio Machado,
poeta español (1875-1939)
Se le vio caminar sólo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
-Ya el sol en torre y torre: los martillos
en yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
"Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien, contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!"
Fuente: Del sitio de facebook de I-Letrado.Retrato de García Lorca
Háblame, Gran Osa
Hay cosas que el corazón guarda
que la lengua está demasiado cansada para nombrar.
Así que acércate, Gran Osa
siéntate conmigo
bajo las viejas montañas,
donde el viento recuerda
lo que hemos olvidado.
Háblame de los inviernos
que intentaron hacernos pequeños,
de los ríos que siguieron fluyendo
incluso cuando las piedras
se interponían en su camino.
Dime por qué la luna
sigue saliendo para los que lloran,
por qué las estrellas permanecen
cuando un ser querido se ha ido
más allá del camino.
He cargado el silencio
como un pesado bulto
sobre mi espalda.
He caminado a través
de las estaciones
con oraciones guardadas
bajo mis costillas.
Pero tú conoces este lenguaje
el lenguaje del bosque,
el lenguaje de las huellas en la nieve,
el lenguaje de un fuego
que susurra en la noche.
No me pides que sea fuerte.
Simplemente siéntate a mi lado.
Y de alguna manera,
eso es suficiente.
Tus grandes patas descansan
sobre la tierra
como si le recordaran al suelo
que aún estoy aquí.
Que mi sangre todavía recuerda
las canciones de quienes
me precedieron.
Que la tristeza no es el final
de la historia.
Incluso el árbol más viejo
debe perder sus hojas
antes de aprender a dar la bienvenida a la primavera.
Así que, si hay algo
que aún no puedo decir,
déjame dejártelo aquí contigo
entre las agujas de pino,
bajo la luna vigilante,
donde nuestros ancestros
pueden oírnos.
Háblame, Gran Oso.
No con palabras.
Dime con tu silencio
que no camino solo.
Y cuando llegue la mañana,
camina conmigo un poco más lejos.
Porque he aprendido
que a veces la sanación
no llega como un trueno.
A veces,
es simplemente
un gran oso a tu lado,
respirando lentamente al amanecer,
recordándole a tu corazón cansado
que aún eres parte de la tierra,
y la tierra no te ha olvidado.
🎨 Arte de Serín Alar
🖊️Poema: Piahn
Indigenous Rhythm Circle
Fuente: Del sitio de facebook Ciencia de la MENTE Argentina - Centro argentino de Ciencia de la Mente.
Utopía de un hombre que está cansado
"Llamóla Utopía, voz griega cuyo significado es no hay tal lugar. Quevedo.
(...)
El camino era desparejo. Empezó a caer la lluvia. A unos doscientos o trescientos metros vi la luz de una casa. Era baja y rectangular y cercada de árboles. Me abrió la puerta un hombre tan alto que casi me dio miedo. Estaba vestido de gris. Sentí que esperaba a alguien. No había cerradura en la puerta.
Entramos en una larga habitación con las paredes de madera. Pendía del cielorraso una luz amarillenta. La mesa, por alguna razón, me extrañó. En la mesa había una clepsidra, la primera que he visto, fuera de algún grabado en acero. El hombre me indicó una de las sillas.
Ensayé diversos idiomas y no nos entendimos. Cuando él habló lo hizo en latín. Junté mis ya lejanas memorias de bachiller y me preparé para el diálogo.
-Por la ropa -me dijo- veo que llegas de otro siglo. La diversidad de las lenguas favorecía la diversidad de los pueblos y aun de las guerras; la tierra ha regresado al latín. Hay quienes temen que vuelva a degenerar en francés, en lemosín o en papiamento, pero el riesgo no es inmediato. Por lo demás, ni lo que ha sido ni lo que será me interesan.
(...)
-¿No te asombra mi súbita aparición?
-No -me replicó-, tales visitas nos ocurren de siglo en siglo. No duran mucho; a más tardar estarás mañana en tu casa.
La certidumbre de su voz me bastó. Juzgué prudente presentarme:
-Soy Eudoro Acevedo. Nací en 1897, en la ciudad de Buenos Aires. He cumplido ya setenta años. Soy profesor de letras inglesas y americanas y escritor de cuentos fantásticos.
-Recuerdo haber leído sin desagrado -me contestó- dos cuentos fantásticos. Los viajes del capitán Lemuel Gulliver, que muchos consideran verídicos, y la Suma Teológica. Pero no hablemos de hechos. Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo el olvido de lo personal y local. Vivimos en el tiempo que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis. Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar. Eludimos las inútiles precisiones. No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas. Me has dicho que te llamas Eudoro; yo no puedo decirte cómo me llamo, porque me dicen alguien.
-¿Y cómo se llamaba su padre?
-No se llamaba.
En una de las paredes vi un anaquel. Abrí un volumen al azar; las letras eran claras e indescifrables y trazadas a mano. Sus líneas angulares me recordaron el alfabeto rúnico, que, sin embargo, solo se empleó para la escritura epigráfica. Pensé que los hombres del porvenir no solo eran más altos sino más diestros. Instintivamente miré los largos y finos dedos del hombre.
Este me dijo:
-Ahora vas a ver algo que nunca has visto. Me tendió con cuidado un ejemplar de la Utopía de More, impreso en Basilea en el año 1518 y en el que faltaban hojas y láminas.
No sin fatuidad repliqué:
-Es un libro impreso. En casa habrá más de dos mil. aunque no tan antiguos ni tan preciosos.
Leí en voz alta el título.
El otro se rio.
-Nadie puede leer dos mil libros, En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer sino releer. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios."
"El libro de arena", 1975.
Ilustración: Carlos Alonso.
Fuente: Del sitio de facebook de JLBorges II, por Silvia Wahlers.










