(en preparación)
Malvinas Historias de Coraje
𝐑𝐞𝐥𝐚𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐑𝐨𝐥𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐄𝐬𝐭𝐞𝐛𝐚𝐧 “𝐋𝐮𝐧𝐢𝐭𝐚” 𝐀𝐠𝐮𝐢𝐫𝐫𝐞
𝘙𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘪𝘥𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘊𝘢𝘳𝘵𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢
Mi apellido es Aguirre, Rolando Esteban, soldado clase 62, de la ciudad de Quitilipi, Chaco. Presté servicio militar en el Regimiento Infantería 12, Mercedes, Corrientes. Mi partida del Regimiento 12 fue en tren hasta Río Negro y después nos llevaron en un avión de Aerolíneas Argentinas a las islas, a Puerto Argentino, y de ahí nos llevaron a Puerto Darwin, en un helicóptero Chinook. Mi posición de combate era sección de apoyo. Cuando estuvimos en Darwin, nos tocó cerca de la pista de Pucarás. Me dicen Luna o Lunita. ¿Por qué me dicen así? Es una historia vieja, de antes de la guerra.
El 1º de mayo fue el primer ataque aéreo y yo recibí la orden del teniente Primero Muñoz Cabrera que agarre el tractor azul marca Ford, que cargue la munición y siga a mi sección. Cuando atacaron a los aviones Pucará la onda expansiva me tiró como cincuenta metros. Volé en el aire. Para mí en ese momento empezó la guerra y me di cuenta lo que era disparar munición de fogueo y lo que era la guerra de verdad. Ahí vi los primeros muertos en la pista, murieron algunos pilotos, mecánicos y soldados que estaban limpiando. Ese fue el inicio de la guerra para mí.
No recibí ninguna carta. Aunque algunos soldados recibían, casi que no nos llegaba nada, en realidad. Luego de volver, supe que mandaban muchas cosas pero no nos llegaba casi nada. Estábamos muy lejos de Puerto Argentino. Cada tanto los helicópteros nos tiraban bolsas con raciones de comida. Escribí una sola carta para mi familia. Fue antes de ir a las islas. Y ya estando en las islas recibí una sola carta de mi familia que decía que me quede tranquilo, que no iba a pasar nada. Luego de eso, perdí todo el contacto con mi familia. No sé si eso te hace más fuerte. Tal vez. Te das cuenta de que estás solo, más allá de que tengas familia o no tengas familia. En los momentos límite de la vida es uno solo, no hay más. Es uno contra el mundo.
Cuando íbamos viajando en los trenes y pasábamos las ciudades y los pueblos, la gente y los chicos se acercaban y te aplaudían, te saludaban, te daban cosas para comer, abrigos, de todo. En una de esas paradas de tren, nos llevaban a casas de familia a bañarnos. Yo tuve la suerte de que la casa de familia que me tocó a mí, me enteré mucho después, que la señora de esa casa le había escrito una carta a mi familia, y mi mamá no me lo había contado. Eso me enteré mucho después, cuando ya volví. Y a esa señora me la crucé de nuevo mucho después cuando volví y me dijo que todavía tenía una foto que nos sacamos ese día en el comedor de su casa. Una foto con un soldado argentino. Me dijo que todavía la guardaban. Luego no la vi más a esa señora. No sé exactamente qué decía esa carta porque nunca la vi, pero me dijeron que más o menos decía que el soldado tal –o sea yo– había pasado por acá, que me bañé, almorcé y cené con ellos y que estaba todo bien.
En Darwin fue dura la vida pero el tiempo te va preparando, y uno va tomando confianza de lo que es la verdadera guerra, el verdadero combate, con armas de verdad, y enfrentar que sos vos o el enemigo. Y de repente te das cuenta que a tu lado tenes a los verdaderos hermanos, las verdaderas personas que van a dar la vida por vos, y uno se tiene que aferrar a eso. He perdido compañeros, hermanos, veteranos de guerra como Nestor Oscar que era de mi pueblo. Y bueno después tenemos miles de anécdotas de la guerra, de la vida allá, de todo. Muchas anécdotas.
El tema de la comida fue difícil. Teníamos un compañero, de mi pueblo también, que era especialista en matar ovejas. Las guardábamos entre las mantas para hacerlas charque y así las comíamos, pero es como digo… El tiempo te va preparando y, bueno, la cosa era sobrevivir, sobrevivir a todo, a la vida, al enemigo. Estuvimos cuarenta y ocho días en Malvinas, algo así, y siempre recibimos ataques aéreos pero la matanza, por decirte así, fue cuando vino el Papa a la Argentina. No quiero decir que el Papa nos traicionó pero si quiero decir que la Argentina le hizo, tal vez, mucho caso al Papa. Todos nos preparamos para venir al continente, terminaba la guerra, y resulta que cuando nosotros salimos de las posiciones fue donde los ingleses desembarcaron para hacer lo que hicieron, desembarcar y tomar la isla. O sea, que no quiero decir que estuvo en contra nuestra el Papa ni nada por el estilo, pero sí que la Argentina fue la única que le hizo caso al Papa.
Me acuerdo bien que cuando nos quedamos sin posición, tuvimos que enfrentarnos a ellos sin posición. Nos bombardearon la retaguardia y tuvimos que hacerle frente a ese desembarco y, bueno, ahora me viene a la memoria, después de tanto que pasó la guerra me encuentro al padre Mora que era quien nos daba misa en Malvinas.
Pero fue ese momento donde Argentina realmente pierde la guerra. Enfrentamos a los ingleses sin posición y con poco armamento. Aparte de estar agotados de tantos días de recibir ataques aéreos y navales, y con la escasez de comida y el frío. Teníamos el mundo en contra pero yo creo que el soldado argentino dio todo lo que tenía. No, no dio todo lo que tenía, dio más. Le juramos a la bandera defender a la Patria hasta perder la vida, así que nos plantamos ahí, con lo que había, y peleamos.
Con mi familia no hablé nunca de la guerra ni me hicieron preguntas ni nada. Hoy me doy cuenta que a la vuelta era, tal vez, el momento de tener un acercamiento más con la familia o afianzarse eso, pero, bueno, no se dio. Eso no quiere decir que no era una familia. Pero, bueno, no se dio. No sé por qué no me preguntaban pero era como un tema que no se tocaba. Yo siempre aconsejo a las personas, a mis compañeros, pregúntele a su hijo como le fue en la escuela, si le fue bien o mal, ¿qué tal te fue en el trabajo? Algo, porque es lo que uno espera. En mi caso no se dio. Es lo que me tocó y así me tocó salir adelante.
Yo me siento bien pero la herida siempre queda. Con mis hijos siempre hablo y ellos saben de mi boca lo que viví. Yo no puedo decir otra cosa que no haya vivido yo y no puedo hablar por otro, pero ellos saben bien lo que yo viví por mi boca. Y está bien que así sea. Eso está bien Ver menos





