En el momento de escribir estas páginas para “Caras y Caretas” el gran poeta hindú Rabindranath Tagore se halla en Berlín, después de haber permanecido en España unas cuantas semanas.
Antes de partir de Nueva York, el ilustre mensajero de Oriente se dignó concedernos una entrevista en su hotel.
Dada la importancia de sus opiniones y el interés con que serán leídas en la Argentina, transcribiré íntegramente las palabras del ya tan célebre y laureado musageta* de la India.
*musageta: que conduce a las Musas.
Durante los últimos días de julio la prensa neoyorkina se ha ocupado de reproducir el texto inglés de las conferencias que el vate pronunció con extraordinario éxito en Alemania. En estas conferencias Rabindranath Tagore ratificaba con más o menos amplitud lo que él mismo nos dijera –en forma sintética- como un último e interesante matiz de su honda filosofía, antes de partir para el viejo continente.
En estos momentos, al evocar la personalidad magnífica de Tagore, surge ante mí su figura patriarcal en flotante vestido oriental, de pie entre dos raras lámparas indias, como un símbolo de su propio y selecto espíritu.
Así apareció durante sus conferencias en Nueva York. Pero el Tagore que después encontré escribiendo sentado ante un escritorio en el hotel me pareció más moderno, aunque exquisitamente sugeridor del misticismo de Oriente. Más tarde, recuerdo, lo volví a encontrar en la suntuosa residencia de un príncipe bengalí, amigo suyo. Entonces, se me antojó que era de nuevo el “bagaván”* de una religión: el santo del Ganges.
*bagaván: bendito, que posee fortuna o majestad.
Hay una notable apariencia de distanciamiento en este filósofo y poeta de la India. Es un agudo observador, que parece contemplar la vida desde la distancia. Su simpatía por la humanidad –la esencia de la filosofía- se desliza a través de él y cubre, como con una suave nube de primavera, todo lo que dice.
“Siendo un extranjero, invariablemente me preguntan qué impresión tengo en general de América - comenzó diciendo Rabindranath, hablando rápidamente, con ese inglés puro y exacto del que lo estudió en los libros-. Pero creo que no debo caer en el error de responder. Primero, porque la vida de todo país es variadísima. Para un extraño es desconcertante y asombrosa. Ésta es verdaderamente mi primera vista, puesto que en mi estancia anterior sólo estuve viajando en trenes y descansando en hoteles, lo más retirado que me fue posible. Aun ahora no he tenido tiempo de familiarizarme con América”.
“La India ha sufrido por los apresurados juicios de los viajeros. Naturalmente, las fases desagradables de la vida en un país le impresionan a uno primero. Y las cosas molestas se destacan más a nuestra vista. Es obvio que el viajero apresurado mira un cuadro pesimista; solamente debido a su prisa o a su falta de cuidado o de sensibilidad”.
“Verdaderamente la mayor amenaza actual a la nueva civilización del mundo se debe a la falta de entendimiento entre las razas y las naciones, al fracaso de unir a la tierra con lazos de humanidad. Sólo este entendimiento puede acabar con las guerras”.
“Así, sintetizar vuestra vida social o vuestras costumbres, sería una injusticia de mi parte. Hasta cierto punto estoy familiarizado con la literatura americana. Naturalmente, la literatura inglesa es fácil de obtener en la India, aunque nos llega poca literatura de América. Desde que abandoné la escuela, siendo muy joven, para educarme, me aproveché de esos libros. Y así es como me familiaricé con la vida inglesa, por medio de Swinburne, Mattoew, Arnald y Brownig; y más tarde conocí a América por medio de Poe y de Walt Whitman. Creo que este último es mi favorito, pues tanto su arte como poeta, como su mensaje profético, me impresionan”.
“Pero no se puede juzgar a una nación por su literatura. El leer en otro idioma crea una cualidad estática. No puede uno seguir el crecimiento y desarrollo de una literatura sin vivir en su medio; no puede uno darse cuenta exactamente de los matices, los delicados tonos y luces de un idioma que se desarrolla, sin vivir en su medio.”
Después, Rabindranath Tagore se refirió a los tópicos mundiales. “El viejo régimen de civilización occidental está bamboleándose. En todas partes hay signos de este derrumbamiento. La guerra mundial ha probado que es un fracaso”.
“Debemos estar prevenidos de que esta civilización está en su lecho de muerte y debemos prepararnos para su funeral. Debemos alistarnos para dar la bienvenida a una nueva edad y traducir su mensaje”.
“Yo no sé lo que será, pero si sé que las bases del viejo régimen se encuentran podridas. Hay algo radicalmente falso. Creo que la mente occidental está obsesionada con el amor a las máquinas y a los métodos y, consecuentemente, de sus resultantes: el poder y la riqueza. Se está desmoronando, debido a que depende más de las máquinas que de su personalidad”.
“Los directores de este régimen están en una situación peligrosa. El único remedio que aparentemente pueden ver, es reajustar la máquina de manera diferente o construir una nueva máquina. Miran a su alrededor desesperados, y crean otra máquina, “La Liga de las Naciones”, pero fracasarán en humanizar el mundo”.
“Frecuentemente oigo decir en el oeste que la religión ha fracasado. No es que la religión haya fracasado, sino que el mundo no ha sido fiel a su religión. Gradualmente, la mente del Occidente se ha desviado, la corriente del pensamiento de ha distanciado de los de ideales religiosos. Es como si un río hubiese cambiado su curso o abandonado su lecho. Ahora, lo que llamáis religión, es meramente una senda pedregosa. La corriente de la vida se está precipitando en su curso por otro camino”.
“El mundo occidental no ha sido leal a la religión. Su corazón ha sido atraído por la tentación del poder y por lo que la ciencia puede ofrecer”.
“La maquinaria no ha sido moldeada para ayudar a la sociedad. La ciencia y la religión pudieron haber marchado felizmente unidas. Pero el Occidente se ha dedicado a la ciencia teniendo por mira su propio engrandecimiento, para alcanzar gloria y obtener poder. No quiero decir que el Occidente no ha escuchado muchas veces el llamado de la humanidad. Frecuentemente ha ido en busca y ha mejorado las miserias del mundo. Pero estas miserias han sido creadas por el mismo mal por cuyo medio procuraba aliviar el daño”.
“En lo principal las corrientes del pensamiento occidental han tenido por objeto el poder individual, la ganancia y la comodidad. Gran parte de la ciencia y de la riqueza del mundo ha sido gastada en erigir pesadas máquinas que aplastan la personalidad y la vida del hombre”.
“Sólo hay una solución. Una real humanidad no solamente entre el pueblo de una nación o raza, sino entre todas las naciones y las razas. Debemos entendernos los unos a los otros, entendernos con humildad, simpatía y justicia. La máquina actual, construida con ambición de poder y de codicia, debe ser hecha añicos”.
“Hoy, en los llamados días de paz, estamos sembrando las semillas de una nueva guerra. En verdad, hay guerra hoy en todos los rincones del globo. Y si continuamos pensando asistidos por el odio y la envidia, estamos preparándonos para otra cosecha”.
Dichas estas palabras, Rabindranath Tagore enmudeció. Mientras tanto miraba meditabundo a través de las ventanas del hotel las numerosas y pobladas calles de Nueva York. La ciudad estaba en su apogeo del vértigo. El humo de las fábricas y de los rascacielos parecía querer elevarse hasta el infinito. De pronto cerró la ventana y con su voz muy suave y muy dulce continuó: “La cosecha no está lejana. Más y más guerras se sucederán en tanto que se permita a las mentalidad producidas por la última catástrofe mundial continuar enseñando el odio y la envidia”.
De nuevo el poeta hizo una pausa. Parecía estar cansado, pero al instante su voz tomó la característica peculiar de las melodías que se eternizan a través de los ecos y de los sonidos…
Y terminó con estas palabras: “Aquí y allá veo un lamentable esfuerzo individual por alcanzar la felicidad personal. De cierta manera se hace una abstracción del todo que es la vida y se la llama felicidad. El perseguir tal idea es seguir algo irreal, una quimera. En realidad, la felicidad es una vida perfecta, un pensamiento perfecta, y una perfecta acción. Cualquier cosa que no sea esto es meramente una sombra simulada”.
Estas fueron sus últimas palabras. Allá afuera, en las avenidas, la muchedumbre iba de un lado a otro. Broadway estaba lleno de gente… y de pecado. Las mujeres más bonitas de Nueva York paseaban sus ojeras y sus ritmos por la nueva Babilonia. Todo el mundo danzaba enloquecido y furioso…
Y allá, en un hotel de segundo orden, Rabindranath Tagore, el maravilloso mensajero de Oriente, seguía meditando, meditando en los perfeccioanmientos espirituales que ha de evolucionar los temperamentos y los esfuerzos de cada uno y de todos.
Y al terminar estas páginas, mi pensamiento evoca una vez más su figura patriarcal, con sus inmensas barbas de nieve, y con su vestido todo blanco, de pie, entre dos candelabros exóticos, pareciendo un dios antiguo…
Carlos Deambrosis Martins
Fuente: Del sitio de la Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital.
Revista Caras y Caretas, del 24 de diciembre de 1921, número 1212, Buenos Aires, República Argentina.



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