por Julio Calcaño,
poeta venezolano (1840-1912)
Tiende la luna el nacarado velo,
y mi niño, que apenas balbucea,
con el dedo de rosa muestra el cielo
y loco de alegría palmotea.
¡Mira! !la luna! ¡me la das! ¡es mía!..
Parece que me dice, é imperioso
mi faz que con amor le sonreia
vuelve á la blanca faz del astro hermoso.
Mas, como no la alcanzo, se arrebata
el celeste bandido, cual si fuera
la luna flor de pétalos de plata
O joya que mi mano asir pudiera.
Y la blonda cabeza que ilumina
el rayo de la luna blandamente,
en contrariado anhelo al fin reclina
sobre mi pecho con sollozo ardiente.
Cubro de besos su rosada boca,
le estrecho al corazon, le mimo y canto,
miéntras el duende de la luna ¡loca
tiene su alma en misterioso encanto.
Aunque al soplo del sueño al fin rendido,
con el dedo de rosa el cielo enseña,
y se mira en su rostro sonreido
que aun ve la luna y con la luna sueña.
Tal vez del sueño en el misterio alcanza
al seno penetrar del astro hermoso,
realizando la angélica esperanza
de poseer el disco luminoso.
Algo tiene la luna que enagena
al inocente niño de alegría,
en tanto el corazon del hombre llena
de mágica y mortal melancolía.
Y es porque el hombre, esclavo aquí del duelo,
la memoria ha perdido de su cuna,
y al niño le recuerda algo del cielo
la cándida pureza de la luna.
Caracas, julio 21, 1878.
| Julio Calcaño |
Fuente: Del sitio de la Biblioteca Nacional de España, Hemeroteca Digital, publicado por "El Correo de la moda, Periódico Ilustrado para las Señoras", 18 de octubre de 1878, número 39, 18/10/1878, n.º 39, Madrid, España. Directora: Ángela Grassi.
https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=fcbd37d0-94c7-47d3-879e-47975a4e3c44&page=5

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