La Sección Ciencia del sitio informativo de AS de Madrid, España, publicó el pasado 31 de octubre de 2026 una nota de Lucía Martín Payo sobre la amabilidad y la bondad que nos da una visión más amplia. "Un estudio con 4.801 participantes analizó 385 actos de bondad para conocer qué hace que una persona considere que un gesto es realmente amable" agrega. Lo mejor: ser bueno y amable. Es lo que más resultado da!
"La amabilidad no siempre se demuestra con grandes gestos. A veces, ayudar a otra persona significa dedicarle parte de nuestro tiempo, incluso cuando vamos justos, o hacer un esfuerzo sin esperar nada a cambio. Un estudio vinculado a la Universidad de Oxford ha analizado cómo valoramos estos comportamientos y qué hace que consideremos que una acción es realmente amable. Los resultados indican que tanto el beneficio para quien recibe la ayuda como el esfuerzo de quien la ofrece influyen en nuestra percepción de la bondad.
La investigación, publicada en marzo de 2026 en The Journal of Positive Psychology, contó con 4.801 participantes en uno de sus estudios, que tuvieron que valorar 385 actos de bondad. Los investigadores analizaron dos aspectos principales, qué beneficio obtenía la persona que recibía la ayuda y cuánto esfuerzo suponía para quien la prestaba, ya fuera en tiempo, energía o dedicación. El trabajo también incluyó un primer estudio con cerca de 16.000 participantes, que evaluaron diferentes acciones dirigidas a familiares, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos.
Los resultados muestran que el beneficio para quien recibe la ayuda es el factor que más influye a la hora de considerar amable un comportamiento. El esfuerzo que requiere también cuenta, aunque tiene menos peso. Sin embargo, los investigadores no encontraron que la relación entre el sacrificio de quien ayuda y el beneficio que obtiene la otra persona fuera especialmente importante. En otras palabras, hacer un gran esfuerzo no convierte necesariamente un gesto en más amable que otro más sencillo que resulte de mayor utilidad.
Los gestos cotidianos también cuentan
Entre las acciones analizadas figuran ayudar a una persona enferma con las tareas de casa, hacer la compra a un vecino que lo necesita o acompañar a un familiar al médico. Son gestos que requieren tiempo y, en ocasiones, nos obligan a cambiar nuestros propios planes. También hay acciones más sencillas, como sujetar una puerta o echar una mano durante unos minutos, que pueden resultar útiles para quien recibe la ayuda. Lo importante es que el gesto responda a una necesidad real, independientemente del esfuerzo que suponga.
Esta forma de entender la bondad también ayuda a explicar por qué la amabilidad puede relacionarse con una visión más amplia de la realidad. Tener en cuenta a los demás implica intentar comprender sus necesidades y circunstancias, en lugar de mirar únicamente desde el propio punto de vista. Una persona puede estar ocupada o tener sus propios problemas y, aun así, encontrar un momento para ayudar a alguien que lo necesita.
En la práctica, esto significa que no siempre hay que hacer grandes sacrificios para ayudar bien a alguien. A veces, escuchar a un amigo que atraviesa un mal momento o preguntar a un familiar qué necesita puede ser más útil que ofrecer una solución que no le sirve. La amabilidad no consiste solo en tener buenas intenciones, sino también en comprender qué puede mejorar realmente la situación de otra persona.
Un ejemplo sencillo sería el de alguien que tiene poco tiempo, pero decide hacer la compra a un vecino enfermo porque sabe que no puede salir de casa. El gesto requiere organización y dedicación, pero también implica haber tenido en cuenta las circunstancias de otra persona. Esa manera de actuar permite salir, aunque sea por un momento, de las preocupaciones propias para prestar atención a las necesidades ajenas, algo que da sentido a una forma de generosidad que no depende de recibir reconocimiento".
Fuente: Del sitio informativo de AS de Madrid, España.

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