(en preparación)
Atilio Ruben Calbucura
3 d
·
UN CORRENTINO FRENTE A UN HARRIER BRITÁNICO EN MALVINAS.
Por: Paulo Arrúa
Pueblo Libertador es un municipio muy pequeño, esta al sur de la provincia, cerca de la ciudad de Esquina, en ese pequeño y humilde pueblo con calles de tierra nació el héroe de este relato.
El combate aeronaval del 22 de mayo de 1982 quedó registrado como una de las muestras más brutales de coraje improvisado de la guerra de Malvinas. Lo que comenzó como una rutinaria y peligrosa misión logística, terminó en un duelo a muerte a orillas de la isla León Marino.
EMBOSCADA EN EL MAR
El guardacostas PNA Río Iguazú (GC-83) navegaba por el seno Choiseul con rumbo a Puerto Darwin.
Su misión era vital: trasladaba a 20 soldados del Ejército y dos cañones pesados OTO Melara de 105 mm para reforzar la guarnición ante el inminente avance terrestre británico.
A las 08:25 de la mañana, navegando bajo malas condiciones climáticas, el comandante Eduardo Olmedo divisó dos cazas Sea Harrier de la Royal Air Force que patrullaban el área. De inmediato, se dio la alarma de zafarrancho de combate.
PRIMER ATAQUE DE LOS HARRIER
Los aviones se lanzaron en picada sobre el pequeño buque, abriendo fuego cerrado con sus cañones Aden de 30 mm. Las consecuencias de esa primera pasada fueron catastróficas:
Los proyectiles perforaron el casco, rompiendo tuberías y provocando que la sala de máquinas se inundara de agua y combustible a gran velocidad.
La artillería argentina de popa intentó defenderse. El cabo segundo Julio Omar Benítez operaba una de las ametralladoras Browning 12,7 mm. Resistió disparando hasta que ráfagas directas del avión impactaron en su posición, provocándole la muerte instantánea.
El resto de los artilleros en cubierta (los cabos Bengochea y Baccaro, junto al oficial González Gabino) sufrieron heridas de gravedad que los dejaron fuera de combate.
EL CORRENTINO, DEL MOTOR A LA AMETRALLADORA.
José Raúl Ibáñez se encontraba en el corazón del buque, en la sala de máquinas. Tras la primera explosión, entre el humo, la oscuridad y el agua que le llegaba a las rodillas, recibió la orden de subir a cubierta para evaluar los daños.
Al salir a la intemperie se topó con un escenario dramático: sus compañeros sangrando en el suelo, las alarmas sonando y su amigo Benítez inerte sobre el arma. En ese instante, los gritos de sus superiores le advirtieron que los Harrier ya daban la vuelta para una segunda pasada de remate
Ibáñez tomó una serie de decisiones en segundos que cambiaron la historia del combate:
Cuerpo a cuerpo contra el Jet: Sin dudarlo, corrió hacia la pieza de popa, corrió el cuerpo de su compañero caído y tomó los mandos de la ametralladora pesada Browning 12,7 mm
Disparar sin saber: Ibáñez era maquinista. Nunca había realizado un curso de artillería ni había disparado esa arma en su vida (solo sabía cargarla visualmente por haber observado a sus compañeros)
EL DUELO
Cuando el primer Sea Harrier se alineó de frente al guardacostas disparando sus cañones, Ibáñez plantó los pies en la cubierta movediza, apuntó al centro de la silueta del jet y apretó el gatillo a fondo, sosteniendo una ráfaga continua e interminable.
EL DERRIBO
Los proyectiles perforantes de 12,7 mm de Ibáñez dieron de lleno en el avión británico. La tripulación observó cómo los impactos sacudieron al caza, que comenzó a emanar un denso humo negro, perdió altura drásticamente y abortó el ataque, alejándose rozando las colinas hasta desaparecer (investigaciones e informes posteriores indican que el Harrier quedó inutilizado y se estrelló en el mar). El segundo avión, al ver la feroz respuesta y los daños de su compañero, decidió romper el ataque y retirarse de la zona.
SU TESTIMONIO AÑOS DESPUES
"Sentí que el avión se me venía encima. No pensé en nada, solo en que si no tiraba yo, nos mataba a todos. Sentí la vibración del arma y vi cómo mis balas entraban en la panza del avión. Empezó a tirar humo y se fue cayendo".
SALVAR A LA TRIPULACIÓN
Con el Río Iguazú gravemente dañado, escorado y hundiéndose por la popa, el comandante Olmedo tomó la decisión de encallar el buque intencionalmente en Bahía Button para evitar que se fuera a pique en aguas profundas.
Gracias a la acción de Ibáñez, que frenó el ataque letal, se pudo evacuar de forma segura a todos los soldados del Ejército y a los tripulantes heridos. Días después, en otra hazaña de la guarnición argentina, efectivos del Ejército regresaron al guardacostas encallado y lograron rescatar intactos los dos cañones de 105 mm, los cuales fueron llevados a Darwin y combatieron activamente en la batalla terrestre. Otra batalla donde correría sangre correntina.
Por: Paulo Arrúa.
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