A mi caro amigo el distinguido poeta
D. Pedro Santacilia.
por R.G. de Lavin
Salve ¡ oh tú de la tarde Reina hermosa,
Estrella vespertina !
Tú, a quien miro lucir ora callada
En tu frente divina.
Tu diadema de luces peregrina
Allí en tu trono de rosadas nubes
De donde viertes grata, placentera.
La virginal sonrisa.
Tu paz al mundo, tu hechicera calma
¡Refulgente beldad! ¡Augusta hija!
Nacida candorosa, la primera
Del beso que la tarde antes de hundirse
Dio feliz a su amor, la noche umbría.
¡Delicioso Fanal! ¡Luz de alegría!
Por quien ardiente la esperanza abrigo;
A tí pues celestial fuente de amores,
A tí dulce deidad ¡salve, te digo!
I oh cuánto mí alma al contemplarte grata
Siempre se regocija!
Ora te mire cándida, llorosa
En férvida carrera
Huyendo temerosa
Por la estrellada y cristalina esfera.
O bien nuncio feliz del alba aurora
Tu luz encantadora
Vertiendo bella desde el claro oriente
Mas nada ¡oh Estrella! me deleita tanto
Como el mirarte en la serena tarde.
Sales gentil ornada de sonrisa.
Tranquila, silenciosa.
En la hora maiestuosa
En que próximo á hundirse el claro día
Sus últimos fulgores
Allá desde occidente nos envía.
Benigna presidiendo ¡ Reina hermosa!
Del crepúsculo breve los instantes
Gozosa contemplando,
Desde tu trono bello fulgurante
A la tierra tus rayos adorando,
Que en tu lumbre de amor Leda se baña
I en cubriéndolo todo el negro velo,
De la gallarda noche el ancho cielo
Furtiva te retiras presurosa
I tu blanca diadema esplendorosa
En tu frente de paz trémula agitas.
I tu beldad se aumenta
I en el seno del mar te precipitas....
Bellos instantes en que el alma ardiente
Se llena de placer; en que la mente
Ansiosa se levanta y atrevida
En medio de los astros se pasea
I allí á vista de mundos tan brillantes
Feliz ante tan gran magnificencia.
Absorta, airebatada
Adora entusiasmada
De su Dios de bondad la omnipotencia.
Mas ¡ ay! que en esos ratos de ventura
Sus alas tiende sin cesar girando
Leve fantasma que mi frente añubla
Hablándome de llantos y de quejas.
¡ Estrella de la tarde !
¿Adónde, dime, adónde
Tus pasos ¡ay ! diriges?
¿Por qué tan pronto tu beldad se esconde
I a tus lindas hermanas abandonas?
¿ Llevas tú como yo el pecho herido
Por el amor y en soledad amarga
Te place lamentar tu dura carga?
O condenada a solitaria vida
Te vas entristecida
Tu destino a llorar despiadado
De ese mar tras sus ondas agitado?
Cuánto siempre te amé fúlgida Estrella!
Aun era niño y ya me embebecía
Tu rápida carrera contemplando.
Tu lumbre me encantaba
I en tu grata beldad me complacía.
Luego entrando en la edad de las pasiones
Víctima triste de un amor profundo
Cuántas veces ¡oh Reina! te bendije
Si en tu faz placentera
Mil veces mitigué mi honda fatiga,
I fuiste siempre mi mejor amiga.
Hoy me vuelves a ver de nuevo amando
I ansioso cual un tiempo triste, inquieto
Tu favor implorar triste y doliente
¡I no será que compasiva ahora
1 sí esquiva mi ruego desatiendas ?
Oh! si lanzar quisieras a la que amo
Un rayo de tu frente
Que inflamando en amor su casto seno
Me amara enardecida ?
Cuánto mi gozo fuera!... Mas ¡ay triste!...
En vano, en vano bella
Hoy mustio imploro tu favor doliente....
Sorda a mi ruego la gallarda frente
Ya ocultas en el mar y solitario,
Lejos me miro, lejos de mi amada
I solo me acaricia
De la lumbre postrera
Un rayo vacilante
Al quebrarse gentil en mi semblante:
Mas vete en paz ¡ oh Diosa !
Sigue sumisa obedeciendo siempre
La mano poderosa
Del Ser que ahora tu carrera guia
I ojalá que mañana
Al asomar graciosa
Por las etéreas cumbres
Cuando entre nubes de esplendor ufana
La tierra toda en su extension alumbres.
Acogieras piadosa
La plegaria infeliz de aqueste amante
De este amante que tierno se querella
Que en ti su gloria cifra
I siempre te adoró, cándida estrella!
Isla de Cuba.
| Portada de Frank Leslie - Ilustración Americana, año 1868 |






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