Auto solar, las energías alternativas despegan

En la Sección Tendencias del sitio informativo Infobae del pasado 28 de mayo de 2020, aparece esta impactante noticia sobre el primer auto solar que ya se venden en Europa. Y decimos "impactante" porque el lector mismo podrá ver las fotos de este auto que llegó para revolucionar el uso de energías alternativas. En buena hora!

        "Cómo funciona el primer auto solar que ya se vende en Europa y desafía a Tesla.
Se trata del Lightyear One, producto de una startup holandesa. Tiene paneles en el techo y el capó, pero además es eléctrico y promete una autonomía superior a los 700 kilómetros. Ya reservan unidades. 
        La energía solar como fuente para las nueva formas de movilidad impulsó en las últimas décadas a diversos desarrollos, pero la mayoría sucumbió por su escasa viabilidad. El recorrido de la electrificación, mucho más sólido y sostenido, terminó relegando casi por completo a las efímeras iniciativas de autos solares. Hoy el futuro de la industria parece encaminarse exclusivamente con el tremendo avance que demuestran cada día los modelos híbridos y eléctricos. Y como opción potencial, con algo más de desarrollo por delante, aparece también la pila de hidrógeno.
        Este contexto, sin embargo, no parece haber condicionado a la empresa holandesa Lightyear, que hace poco presentó el primer vehículo movido por energía solar fabricado y comercializado en serie. Se trata del Lightyear One, que promete una autonomía nada menos que de 725 kilómetros, y del cual su primera tirada, de 100 unidades, ya fue totalmente reservada a pesar de un precio considerablemente alto en Europa: unos 150.000 euros.
Tiene cinco metros cuadrados de paneles solares en el techo y el capó
        El Lightyear One se abastece de la luz del sol mediante los paneles distribuidos en su techo y el capó, que abarcan unos cinco metros cuadrados de superficie capaces de generar, según el fabricante, energía para recorrer alrededor de 20.000 kilómetros al año. Es una cifra importantísima en materia de ahorro, que además está sostenida por una dinámica de carga ágil y eficiente. El modelo holandés también es eléctrico, entonces puede recargarse a través de la red convencional, y a una velocidad muy interesante: 400 kilómetros por noche en un toma doméstico, según indica la empresa.
        El secreto del Lightyear está directamente relacionado con su eficiencia. Se trata de un vehículo de escaso peso para su tamaño, construido con elementos livianos y un logrado coeficiente aerodinámico de 0,20 (con el detalle de las ruedas traseras carenadas). Con una longitud de 5.057 mm, es más largo, por ejemplo, que un Tesla Model S; y además se ve beneficiado por llevar baterías de menor tamaño y peso que la de los coches totalmente eléctricos.
Es un sedán para cinco personas, moderno y liviano, pensado para competir con los eléctricos europeos
        El techo y el capó de Lightyear One se componen de células solares integradas dentro de “un vidrio de seguridad tan fuerte que un adulto puede caminar sobre ellas sin causar daños", asegura la compañía holandesa. Además, esos elementos solares están diseñados para soportar altas temperaturas durante la carga, y prometen no perder eficiencia. Este sedán para cinco personas dispone de cuatro motores, uno en cada rueda, que actúan de forma independiente: con ellos consigue una aceleración nada despreciable de sólo 10 segundos para llegar de 0 a 100 km/h.
        El modelo de la firma holandesa, según sus mismos creadores, es capaz de recuperar 12 kilómetros de autonomía por hora, y también se puede utilizar por la noche o en un día nublado, ya que dispone del pack de baterías eléctricas. Con una carga completa en un tomacorriente de 230V se puede conseguir una autonomía de 400 kilómetros.
Gran coeficiente aerodinámico, y el particular detalle de las ruedas traseras carenadas
        El objetivo de Lightyear es posicionarse como una opción de mayor ahorro y eficiencia que los eléctricos. Incluso la start-up holandesa ahora comunicó que hará una alianza con Royal DSM, otra compañía de ese país, para fabricar techos de recarga solar para todos los modelos del mercado. Mensaje para Tesla, que está en pleno desembarco europeo.
        La joven firma holandesa está compuesta por un grupo de estudiantes de ingeniería de Endhoven que participó en la famosa World Solar Challenge. El Lightyear One, incluso, recibió el premio Innovador Award 2018 en el CES gracias a su original propuesta. Aunque el modelo ya se puede reservar, habrá que esperar hasta el año próximo para que se realicen las primeras entregas. Los fabricantes de eléctricos, en alerta."
Si bien ya se reservaron unas 100 unidades, empezará a entregarse el año próximo
Fuente: Del sitio informativo Infobae.
https://www.infobae.com/autos/2020/05/28/como-funciona-el-primer-auto-solar-que-ya-se-vende-en-europa-y-desafia-a-tesla/

Las imágenes del auto solar pertenecen a la nota de Infobae.
La imagen de portada lleva este epígrafe: "El Lightyear One es el primer vehículo movido por energía solar fabricado y comercializado en serie".

Nuestro cerebro es lo que comemos, hora de tomar conciencia

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO
Nueva entrega de los documentales del DW (Deutsche Welle) sobre el tema de la alimentación y su influencia sobre el cerebro humano y las decisiones que tomamos. Hora de tomar conciencia sobre este tema tan importante!

https://www.youtube.com/watch?v=vCAzzhOg-xk


La sociedad de consumo, la que lo devora todo

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO
por Jean Baudrillard,
pensador francés  (1929-2007)
        “Resumiendo brevemente, diremos que el problema fundamental del capitalismo contemporáneo ya no es la contradicción entre ‘maximización de la ganancia’ y ‘racionalización de la producción’ (en el nivel del empresario), sino entre una productividad virtualmente ilimitada (en el nivel de la tecnoestructura) y la necesidad de dar salida a los productos. En esta fase, es vital para el sistema controlar no sólo el aparato de producción, sino además la demanda de consumo, no sólo los precios, sino además lo que será demandado a ese precio. El efecto general que se produce, ya sea por medios anteriores al acto mismo de producción (encuestas, estudios de mercado), ya sea por medios posteriores (publicidad, mercadotecnia, condicionamiento) es ‘quitarle al comprador -ámbito en el cual escapa a todo control - el poder de decisión para transferírselo a la empresa, donde puede ser manipulado’(Galbraith). De manera más general ‘una característica natural del sistema (y aquí convendría decir una característica lógica) es adaptar las actitudes sociales en general a las necesidades del productor y a los objetivos de la tecnoestructura. La importancia de esa característica crece con el desarrollo del sistema industrial'. Esto es lo que Galbraith llama el canal invertido, en oposición al canal jerárquico clásico, en el cual se supone que la iniciativa le corresponde al consumidor y luego repercute, a través del mercado, en las empresas de producción. Aquí, por el contrario, la empresa de producción controla los comportamientos del mercado, dirige y modela las actitudes sociales y las necesidades. Es, o al menos tiende a ser, la dictadura total del orden de producción. 
        Este ‘canal invertido’ destruye -por lo menos tiene este valor crítico- el mito fundamental del canal jerárquico clásico según el cual, en el sistema económico, el individuo es quien ejerce el poder. El hecho de poner el acento en el poder del individuo contribuía en gran medida a confirmar la organización existente: todas las disfunciones, los factores de deterioro de la calidad de vida, las contradicciones inherentes al orden de producción se justifican porque amplían el campo donde se ejerce la soberanía del consumidor. Es evidente, por el contrario, que todo el aparato económico y psicosociológico de estudios de mercado, de motivaciones, etc, mediante los cuales se pretende hacer creer que en el mercado reina  la demanda real, las necesidades profundas de consumo, existe con el único propósito de inducir esa demanda a fin de colocar la mercancía producida, pero ocultando continuamente ese proceso objetivo poniendo en escena el proceso inverso. ‘El hombre sólo llegó a ser objeto de la ciencia para el hombre cuando se hizo más difícil vender los automóviles que fabricarlos’.  (Galbraith) 
        Así es como, en todo momento, Galbraith denuncia la sobrecarga de la demanda inducida por ‘aceleradores artificiales’. Instaurados por la tecnoestructura en su expansión imperialista y que hace imposible estabilizar la demanda. Ingresos, compra de prestigio y trabajo adicional forman un círculo vicioso y enloquecido, la ronda infernal del consumo, basada en la exaltación de las necesidades llamadas ‘psicológicas’ que se diferencian de las necesidades ‘fisiológicas’ en que aparentemente aquellas se fundan en el ‘ingreso discrecional’ y la libertad de elección, con lo que se hacen fácilmente manipulables. Aquí, evidentemente, la publicidad cumple una función esencial (otra idea que ya es convencional). Aunque parece ajustarse a las necesidades del individuo y a los bienes, en realidad, dice Galbraith, se acomoda al sistema industrial : ‘Parece darle gran importancia a los bienes cuando en realidad se la da al sistema, de ese modo sostiene además la importancia y el prestigio de la tecnoestructura desde el punto de vista social’. A través de la publicidad, el sistema captura para sí los objetivos sociales e impone sus propios objetivos como objetivos sociales: “Lo que es bueno para la General Motors (es bueno para los Estados Unidos)…”
        Una vez más, cuesta no coincidir con Galbraith (y otros) cuando afirma que la libertad y la soberanía del consumidor no son más que un engaño. La mística de la satisfacción de las decisiones individuales, cultivada cuidadosamente (en primer lugar, por los economistas),  donde culmina toda una civilización de la ‘libertad’, es la ideología misma del sistema industrial que justifica lo arbitrario y todos los perjuicios que el mismo provoca: desperdicios, contaminación, aculturación. En realidad, el consumidor es soberano en una jungla de fealdad, donde se le ha impuesto la libertad de elección. El canal invertido (es decir, el sistema del consumo) completa así ideológicamente el sistema electoral con el cual se alterna. El centro comercial y la cabina electoral son dos lugares geométricos de la libertad individual y  y también las ubres del sistema. 
        Sobre el ‘principio económico’, Galbraith dice: ‘Lo que llamamos el desarrollo económico consiste, en gran medida, en imaginar una estrategia que permita vencer la tendencia de los seres humanos a imponer límites a sus objetivos de ingresos y, por lo tanto, a sus esfuerzos’. Y cita el ejemplo de los obreros filipinos de California: ‘La presión de las deudas, unida a la emulación de la manera de vestir, transforma rápidamente a esta raza feliz y despreocupada en una fuerza de trabajo moderna’. Y también el caso de los países subdesarrollados donde la aparición de los aparatos occidentales constituye la mejor carta de triunfo de la estimulación económica. Esta teoría, que podríamos llamar del estrés o del adiestramiento económico para el consumo, vinculado a la compulsión del crecimiento, es seductora. Hace que la aculturación forzada de los procesos de consumo parezca la consecuencia lógica, en la evolución del sistema industrial, del adiestramiento al horario y el adiestramiento de los gestos que se le impone al obrero desde el siglo XIX en los procesos de producción industrial. 
        De modo que la verdad es no que las necesidades sean fruto de la producción, sino que EL SISTEMA DE NECESIDADES es PRODUCTO DEL SISTEMA DE PRODUCCIÓN. Lo cual es muy diferente. Por sistema de necesidades, entendemos que las necesidades no se producen una a una en relación los objetos respectivos, sino que se producen como fuerza consumidora, como disponibilidad global en el marco más general de las fuerzas productivas. En ese sentido, decimos que la tecnoestructura extiende su imperio. 
La denegación del goce

        Acaparar objetos no tiene objeto. Las conductas de consumo, aparentemente centradas, orientadas al objeto y al goce, responden en realidad a otras finalidades muy diferentes: a la necesidad de expresión metafórica o desviada del deseo, a la necesidad de producir, mediante los signos diferenciales, un código social de valores. Por consiguiente, lo determinante es, no la función individual de interés a través de un cuerpo de objetos, sino la función, inmediatamente social, de intercambio, de comunicación, de distribución de los valores a través de un cuerpo de signos. 
        La verdad del consumo es que éste es, no una función del goce, sino una función de producción y, por lo tanto, como la producción material, una función, no individual, sino inmediata y totalmente colectiva. 
        El consumo es un sistema que asegura el orden de los signos y la integración del grupo: es pues una moral (un sistema de valores ideológicos) y, a la vez, un sistema de comunicación, una estructura de intercambio. Sólo sobre esta base y partiendo del hecho de que esa función social y esa organización social sobrepasan con mucho a los individuos y se les imponen según una obligación   social inconsciente, puede uno fundar una hipótesis teórica que no sea ni un recitado de cifras ni una metafísica descriptiva. 
        El individuo consume para sí mismo, pero cuando consume, no lo hace solo (ésta es la ilusión del consumidor, cuidadosamente mantenida por todo el discurso ideológico sobre el consumo), sino que entra en sus sistema generalizado de intercambio y de producción de valores codificados, en el cual, a pesar de sí mismos, todos los consumidores están recíprocamente implicados.
        En este sentido, el consumo es un orden de significaciones, como un lenguaje o como el sistema de parentesco de la sociedad primitiva.
        La circulación, la compra, la venta, la apropiación de bienes y de objetos/signos diferenciados constituyen hoy nuestro lenguaje, nuestro código, aquello mediante lo cual la sociedad entera se comunica y se habla. Tal es la estructura del consumo, su lengua en cuya perspectiva las necesidades y los goces individuales son sólo efectos de palabra.
El fun-system o la obligación del goce
        Una de las mejores pruebas de que el principio y la finalidad del consumo no son el goce es que hoy el goce es obligado y está institucionalizado, no como derecho o como placer, sino como deber del ciudadano
        El puritano se consideraba, consideraba a su propia persona como una empresa que debía hacer fructificar para mayor gloria de Dios. Sus cualidades ‘personales’, su ‘carácter’, a cuya producción  dedicada la vida, era para él un capital que debía invertir oportunamente, administrar sin especulación ni despilfarro. A la inversa, pero de la misma manera, el hombre consumidor se considera obligado a gozar, como una empresa de goce y satisfacción. Se considera obligado a ser feliz, a estar enamorado, a ser adulado/adulador, seductor/seducido, participante, eufórico y dinámico. Es el principio de maximización de la existencia mediante la multiplicación de los contactos, de las relaciones, mediante el empleo intensivo de signos, de objetos, mediante la explotación sistemática de todas las posibilidades del goce. 
        El consumidor, el ciudadano moderno, no tiene posibilidad de sustraerse a esta obligación de felicidad y de goce, es el equivalente, en la nueva ética, de la obligación tradicional de trabajar y producir. El hombre moderno pasa cada vez menos parte de su vida en la producción del trabajo y cada vez más en la producción e innovación continua de sus propias necesidades de su bienestar. Debe ocuparse de movilizar constantemente todas sus posibilidades, todas sus capacidades consumidoras. Si lo olvida, se le recordará amable e instantáneamente que no tiene derecho a no ser feliz. Por lo tanto, no es verdad que sea pasivo: por el contrario, despliega y debe desplegar una actividad continua. Si no, correría el riesgo de contentarse con lo que tiene y volverse asocial. 
El consumo como emergencia y control de nuevas fuerzas productivas
        La sociedad de consumo es también la sociedad de aprendizaje del consumo, de adiestramiento social del consumo, es decir, un modo nuevo y específico de socialización relacionado con la aparición de nuevas fuerzas productivas y con la reestructuración monopolista de un sistema económico de alta productividad. 
        El crédito cumple aquí una parte determinante, aun cuando influya sólo parcialmente en los presupuestos de gastos. Su concepción es ejemplar porque, presentado como gratificación, como facilidad de acceso a la abundancia, como mentalidad hedonista y ‘liberado de los viejos tabúes del ahorro’, etc, el crédito es, en realidad, un adiestramiento socioeconómico sistemático para el ahorro forzado y para el cálculo económico de generaciones de consumidores que,  de otro modo, habrían escapado, a lo largo de su subsistencia, a la planificación de la demanda y habrían sido inexplotables como fuerza consumidora. El crédito es un proceso disciplinario de extorsión del ahorro y de regulación de la demanda, de la misma manera que el trabajo asalariado fue un proceso racional de extorsión de la fuerza de trabajo y de multiplicación de la productividad. 
        Creo que no se advierte suficientemente en qué medida el adiestramiento actual para el  consumo sistemático y organizado es el equivalente y la prolongación en el siglo XX del gran adiestramiento a que fueron sometidas las poblaciones rurales a lo largo de todo el siglo XIX para adaptarse al trabajo industrial. El mismo proceso de racionalización de las fuerzas productivas que tuvo lugar en el siglo XIX en el sector de la producción se consuma en el siglo XX en el sector del consumo. El sistema industrial, una vez que hubo socializado a las masas como fuerza de trabajo, debía avanzar aún más para consumarse y socializarlas, (es decir, controlarlas) como fuerzas de consumo. Los pequeños ahorristas o consumidores anárquicos de la preguerra, libres de consumir o no, ya no tenían nada que hacer en este sistema.
        Toda ideología del consumo quiere hacernos creer que hemos entrado en una era nueva, que una Revolución humana decisiva separa la edad dolorosa y heroica de la producción de la edad eufórica del consumo, en la cual finalmente se reconoce el derecho del Hombre y de sus deseos. Pero nada de esto es verdad. La producción y el consumo constituyen un único y gran proceso lógico de reproducción ampliada de las fuerzas productivas y de su control. Este imperativo, que es el del sistema, se presenta en la mentalidad, en la ética y en la ideología cotidianas de manera inversa: con la forma de liberación de las necesidades, de florecimiento del individuo, de goce, de abundancia, etc. Las incitaciones a gastar, a gozar, a no hacer cálculos (‘Llévelo ahora, pague después’) reemplazaron las incitaciones ‘puritanas’ a ahorrar, a trabajar, a crear el propio patrimonio. Pero esta es sólo en apariencia una revolución humana; en realidad no es más que la sustitución para uso interno, de un sistema de valores que se volvió  (relativamente) ineficaz, por otro, en el marco de un proceso general y de un sistema que no se ha modificado. Lo que podía ser una nueva finalidad, vaciado de su contenido real, se convirtió en una mediación forzada de la reproducción del sistema. 
        El consumo es pues un poderoso elemento de control social (porque logra atomizar a los individuos consumidores), pero, por eso mismo, implica la necesidad de una coacción burocrática cada vez más intensa sobre los procesos de consumo, que consecuentemente será exaltado con energía creciente como el reinado de la libertad. Del que nadie podrá salir."
Biografía de Jean Baudrillard
Jean Baudrillard (Reims, 27 de julio de 1929 – París, 6 de marzo de 2007) fue un filósofo y sociólogo, crítico de la cultura francesa. Su trabajo se relaciona con el análisis de la posmodernidad y la filosofía del postestructuralismo.
Nacido en la campiña francesa, sus abuelos fueron campesinos y sus padres empleados públicos. Se casó y tuvo dos hijos. De joven dio clases de alemán y estudió filología germánica en La Sorbona, donde se desempeñó como traductor de Karl Marx, Bertolt Brecht y Peter Weiss. También fue ayudante de cátedra de la Universidad de Nanterre, en París.
Jean Baudrillard fue ampliamente reconocido por sus investigaciones en torno al tema de la hiperrealidad, particularmente en una sociedad como la estadounidense. De acuerdo con sus tesis, Estados Unidos ha construido para sí un mundo que es más «real» que Real, así nos enfocamos en Disneylandia , cuyos habitantes viven obsesionados con la perfección, evitar el paso del tiempo y la objetivización del ser, aún más, la autenticidad ha sido reemplazada por la copia (dejando así un sustituto para la realidad), nada es Real, y los involucrados en esta ilusión son incapaces de notarlo.

Lo pequeño es hermoso, el camino económico correcto

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO
por Ernst F. Schumacher,
economista budista alemán(1911-1977)

        “¿Y cuál es mi tesis? Simplemente, que nuestra más importante tarea es salir de la pendiente por la que nos deslizamos. ¿Y quién puede emprender tal tarea? Pienso que cada uno de nosotros, sea viejo o joven, fuerte o débil, rico o pobre, influyente o no. Hablar del futuro sólo es útil cuando conduce a la acción ahora. ¿Qué es lo que podemos hacer ahora si todavía estamos insistiendo en la postura del ¿cuándo estuvimos mejor que ahora? Por lo menos, que ya es decir mucho, debemos entender el problema en su totalidad y comenzar por ver la forma en que se puede desarrollar un nuevo estilo de vida, con nuevos métodos de producción y nuevas pautas de consumo, un estilo de vida diseñado para la permanencia. Daré sólo tres ejemplos preliminares: en agricultura y horticultura podemos interesarnos en el perfeccionamiento de métodos de producción que sean  biológicamente sanos, en el mejoramiento de la fertilidad del suelo y en producir salud, belleza y solidez. Entonces la productividad se cuidará a sí misma. En la industria podemos interesarnos en la evolución de la tecnología de pequeña escala, relativamente no violenta, “tecnología con rostro humano”, de modo que la gente tenga oportunidad de disfrutar mientras trabaja, en lugar de trabajar sólo para recibir el sobre con su salario y esperar el momento del esparcimiento para poder disfrutar, esto último no siempre con mucha convicción, por otra parte. En la industria, también, porque sin duda la industria es una suerte de marca-pasos de la vida moderna, podemos interesarnos en nuevas formas de asociación entre administración y trabajadores, inclusive en nuevas formas de propiedad común. 
        A menudo oímos decir que estamos entrando en la era de la “sociedad educada”. Esperemos que esto sea cierto. Todavía tenemos que aprender a vivir en paz no sólo con nuestros vecinos sino también con la naturaleza y sobre todo con los Altos Poderes que han creado la Naturaleza y a nosotros mismos, porque, sin duda, nosotros no hemos aparecido por accidente, ni tampoco nos hemos creado a nosotros mismos. 
El genial actor y director Charles Chaplin en una de sus
famosas películas, "Mundos Modernos"
        Ahora que el hombre ha adquirido los medios físicos de autodestrucción, la cuestión de la paz cobra caracteres sobresalientes como nunca antes de la historia de la humanidad. ¿Cómo podría construirse la paz sin alguna seguridad de permanencia en relación a nuestra vida económica?
        Sugiero que los fundamentos de la paz no pueden descansar sobre la prosperidad universal, en el sentido moderno de la palabra, porque tal prosperidad, si es que puede obtenerse, lo es gracias al cultivo de impulsos naturales tales como la codicia y la envidia, que destruyen la inteligencia, la felicidad, la serenidad y, finalmente, la tranquilidad del hombre.
        En resumen, podemos decir que el hombre de hoy es demasiado inteligente como para ser capaz de sobrevivir sin sabiduría. Nadie trabaja realmente por la paz, salvo que esté trabajando básicamente por la restauración de la sabiduría. La afirmación que “lo sucio es bello y lo bello no lo es” (al decir de Keynes) es la antítesis de la sabiduría. La esperanza de que la búsqueda de bondad y virtud puede ser pospuesta hasta que hayamos alcanzado la prosperidad universal y que con la búsqueda individual de la riqueza, sin devanarnos los sesos acerca de cuestiones morales y espirituales, podríamos establecer la paz sobre la tierra, es una esperanza irreal, anticientífica e irracional. Cuando el nivel de desarrollo era menor, podíamos temporalmente excluir la sabiduría de la economía, la ciencia y la tecnología, pero ahora que hemos alcanzado un  alto nivel de prosperidad, el problema de la verdad espiritual y moral ocupa la posición central.
        Desde un punto de vista económico, el concepto principal de la sabiduría es la permanencia. Debemos estudiar la economía de la permanencia. Nada tiene sentido económico salvo que su continuidad a largo plazo puede ser proyectada sin incurrir en absurdos. Puede haber “crecimiento” hacia un objetivo limitado, pero no puede haber crecimiento ilimitado, generalizado. Como Gandhi dijo, es más que probable que “la tierra proporcione lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre pero no la codicia de cada hombre”. La permanencia es incompatible con una actitud depredadora que se regocija en el hecho de que “los que eran lujos para nuestros padres han llegado a ser necesidades para nosotros”
        El fomento y la expansión de las necesidades es la antítesis de la sabiduría. Es también la antítesis de la libertad y de la paz. Todo incremento en las necesidades tiende a incrementar la dependencia de las fuerzas exteriores sobre las cuales uno puede ejercer ningún control y, por lo tanto, aumenta el temor existencial. Sólo reduciendo las necesidades puede uno lograr una reducción genuina de las tensiones que son la causa última de la contienda y la guerra.
        La economía de la permanencia implica un profundo cambio en la orientación de la ciencia y la tecnología. Estas tienen que abrir sus puertas a la sabiduría y, de hecho, incorporar sabiduría en su estructura misma. ‘Soluciones’ científicas o técnicas que envenenan el medio ambiente o degradan la estructura social y al hombre mismo, no son beneficiosas, no importa cuán brillantemente hayan sido concebidas o cuán grande sea su atractivo superficial. Máquinas cada vez más grandes, imponiendo cada vez mayores concentraciones de poder económico y ejerciendo una violencia cada vez mayor sobre el medio ambiente no representan progreso, son la negación de la sabiduría. La sabiduría requiere una nueva orientación de la ciencia y la tecnología hacia lo orgánico, lo amable, lo no-violento, lo elegante y lo hermoso. La paz, como a menudo se ha dicho, es indivisible. ¿Cómo podría, entonces, construirse la paz sobre una base hecha de ciencia indiferente y tecnología violenta? Debemos procurar una revolución en la tecnología que nos dé invenciones y maquinarias que inviertan las tendencias destructivas que ahora nos amenazan a todos. 

        ¿Qué es lo que realmente necesitamos de los científicos y tecnólogos? Yo contestaría: necesitamos métodos y equipos que sean:

-suficientemente baratos de modo que estén virtualmente al alcance de todos;
-apropiados para utilizarlos a escala pequeña; y
-compatibles con la necesidad creativa del hombre.

        De estas tres características nacen la no-violencia y una relación entre el hombre y la naturaleza que garantiza la permanencia.
        Vamos a necesitar el coraje suficiente para soñar si es que deseamos sobrevivir y dar a nuestros hijos una posibilidad de supervivencia.
        Es casi una bendición providencial que los países ricos hayamos sentido en nuestro corazón por lo menos la necesidad de considerar el Tercer Mundo y de tratar de mitigar su pobreza. A pesar de la mezcla de motivos y de la persistencia de las prácticas explotadoras, pienso que este cambio bastante reciente en la imagen de los ricos es positivo y podría salvarnos, porque la pobreza de los pobres les impide adoptar con éxito nuestra tecnología (destructiva y arrasadora). Por supuesto, a menudo tratan de hacerlo y después tienen que soportar las más desastrosas consecuencias en términos de desempleo masivo, migración masiva a las ciudades, abandono rural y tensiones sociales intolerables. Ellos necesitan, en realidad, exactamente lo mismo a lo que me estoy refiriendo, lo mismo que nosotros necesitamos: una clase de tecnología diferente, una tecnología con rostro humano, que en lugar de dejar cesantes las manos y cerebros humanos los ayude a convertirse en mucho más productivos de lo que habían sido antes. 

        Como dijera Gandhi, los pobres del mundo no pueden ser ayudados por la producción en masa, sino sólo por la producción hecha por las masas. El sistema de producción masiva basado en una tecnología sofisticada intensiva en capital, con una dependencia energética alta y ahorradora de mano de obra, presupone que ya se es rico, porque para establecer un sólo puesto de trabajo se necesita una cantidad considerable de inversión de capital. El sistema de producción por las masas moviliza los recursos inapreciables que poseen todos los seres humanos, sus cerebros inteligentes y sus manos habilidosas, y los apoya con herramientas de primera clase. La tecnología de la producción masiva es inherentemente violenta, ecológicamente dañina, autodestructiva en términos de recursos no renovables y embrutecedora para la persona humana. La tecnología de la producción por las masas, haciendo uso de lo mejor del conocimiento y experiencia modernos, conduce a la descentralización, es compatible con las leyes de la ecología, es cuidadosa en su uso de los recursos escasos y se adapta para servir a la persona humana en lugar de hacerla sirviendo de las máquinas. Yo la he denominado tecnología intermedia para dar a entender que es muy superior a la tecnología primitiva de épocas pasadas pero al mismo tiempo mucho más simple, más barata y más libre que la súper tecnología de los ricos. Se podría llamar también tecnología de la autoayuda, tecnología democrática o tecnología del pueblo. Una tecnología a la cual todo el mundo puede tener acceso y que no está reservada sólo para aquellos que ya son ricos y poderosos. 
        La ‘lógica de la producción’ no es ni la lógica de la vida ni la lógica de la sociedad. Es tan sólo una parte pequeña de ellas y está a su servicio. Las fuerzas destructivas liberadas por ella no pueden ponerse bajo control, salvo que la ‘lógica de la producción’ misma esté controlada de modo que las fuerzas destructivas dejen de estar desatadas. Sirve de muy poco tratar de suprimir el terrorismo si la producción de inventos mortíferos continúa siendo tratada como un legítimo empleo de los poderes creativos del hombre. La lucha contra la contaminación tampoco puede tener éxito si las formas de producción y consumo continúan siendo de una escala, una complejidad y un grado de violencia que, como se hace cada vez más visible, no encajan dentro de las leyes del universo, a las cuales el hombre está tan sujeto como el resto de la creación. De de misma manera, la posibilidad de mitigar el agotamiento de los recursos o de conseguir la armonía en las relaciones entre los poseedores de riqueza y poder y los que carecen de ellos es inexistente mientras no exista en algún sitio la idea de que lo suficiente es bueno, y más de lo suficiente, malo.
        Parece poco probable que el hombre del siglo XX esté llamado a descubrir una verdad que jamás antes de hubiera descubierto. En la tradición cristiana, como en todas las tradiciones genuinas de la humanidad, la verdad que se ha establecido en términos religiosos, un lenguaje que ha llegado a ser poco menos que incomprensible para la mayoría de los hombres modernos. De toda la tradición cristiana, quizá no haya ninguna enseñanza que sea más importante y apropiada a la situación moderna que las maravillosamente sutiles y realistas doctrinas de las Cuatro Virtudes Cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
        El significado de prudencia, llamada significativamente “madre” de las otras virtudes (prudencia dicitud genitrix virtutum) no es el otorgado a la palabra prudencia de la manera que la usamos. Significa lo opuesto a una actitud mezquina y calculadora, que rehúsa mirar y valorar cualquier cosa que no prometa una ventaja utilitaria inmediata.”
Biografía de Ernst F. Schumacher
Ernst Friedrich "Fritz" Schumacher  (16 de agosto de 1911 – 4 de septiembre de 1977) fue un intelectual y economista que tuvo una influencia a nivel internacional con un trasfondo profesional como estadístico y economista en Inglaterra. Trabajó como Chief Economic Advisor para la National Coal Board de Gran Bretaña durante dos décadas. Sus ideas se volvieron bien conocidas en la mayor parte del mundo angloparlante durante la década de los setenta. También fue reconocido por sus críticas a los sistemas económicos de Occidente y por su propuesta por una tecnología descentralizada.
Fuente: Del sitio Ecured.
https://www.ecured.cu/Ernst_Friedrich_Schumacher

Comunicación y Culturas del Consumo - Video 5, Guerra Fría y Globalización

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO - VIDEO 5, Guerra Fría y Globalización
Quinta entrega de los videos de nuestra materia, Comunicación y Culturas del Consumo, donde hablamos de las particularidades de esta época conocida como "Guerra Fría" y sus consecuencias en el mundo actual.

https://www.youtube.com/watch?v=iNFGyzW7scI

Límites éticos para la inteligencia artificial

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO
Nueva entrega de los documentales de DW (Deutsche Welle) sobre el tema de la IA (Inteligencia Artificial). Un mundo nuevo está a punto de inaugurarse... pero no para el bien de todos. Ni siquiera para el bien, sino a veces para la guerra y la destrucción. Son imprescindibles las directrices éticas para la creación de robots en todos los órdenes de la vida.

https://www.youtube.com/watch?v=sHVwwriaT6k

La imagen de portada pertenece al artista plástico Sergey Nikolaev.

La invasión del plástico, la lucha que se viene

COMUNICACIÓN Y CULTURAS DEL CONSUMO
Nueva entrega de los documentales del DW (Deutsche Welle) donde nos alerta sobre la invasión del plástico que amenaza tanto a los mares como a sus habitantes, y finalmente, por supuesto, a nosotros. Hora de luchar contra este flagelo, que en su momento fuera un invento revolucionario pero hoy es un problema de difícil resolución.

https://www.youtube.com/watch?v=EingNA5cdYA

Domar el Mississippi, tarea para un genio hijo de un genio

Una publicación del sitio de información argentino Infobae del pasado 20 de mayo de 2020, nos cuenta cómo hizo el hijo de Einstein para domar al río Mississippi y salvar a una región clave en Estados Unidos. La publicación original es de Asociated Press. Veamos:

        "Opacado por la sombra que proyectaba su padre, Hans Albert Einstein fue un ingeniero brillante a quien el Gobierno llamó para que ayudara al ejército en una obra que nadie lograba diseñar y de la cual dependían la supervivencia de ciudades como Nueva Orleans y Baton Rouge.
        El hijo de Albert Einstein, Hans A. Einstein, fue el ingeniero que resolvió una estructura triple para desviar el 70% del caudal del Mississippi en Louisiana e impedir la destrucción de Nueva Orleans. 
        En el siglo XV, el Mississippi, famoso por su caudal y su capricho, tomó un desvío hacia el oeste, y con el tiempo la curva que se creó terminó por vincularse con un curso de agua paralelo. Quinientos años más tarde, el cambio climático, del que todavía no se hablaba pero ya existía, hizo que el río más grande y poderoso de los Estados Unidos, que crecía y crecía, amenazara a esa altura –en Louisiana– las ciudades que existían al sur, como Baton Rouge y Nueva Orleans, si no se controlaba lo que se había convertido en un canal que lo conectaba al Atchafalaya.
        'Arruinaría las refinerías, cortaría las tuberías, derribaría los puentes de las vías férreas, cortaría el suministro de agua potable, afectaría la distribución eléctrica', describió Simon Winchester en su historia de la doma del río indomable, The End of The River. 'Tendría un efecto inmediato y aplastante en las economías del país e, inevitablemente, del mundo'.
        Construir una barrera era la solución. Pero los cálculos para una represa hidráulica se hacen muy difíciles si el río es aluvional a la vez que cambiante. Y lo que había que desviar era mucho: el 70% del caudal que el Mississippi echaba al Atchafalaya debía quedarse en su propio cauce y completar la curva, y solo el 30% podía fluir hacia el sur. Muchos ingenieros dejaron pasar el encargo del Gobierno de los Estados Unidos. Pero hubo uno que aceptó el reto: Hans A. Einstein, el hijo de Albert Einstein.
        Era un problema que lo podía ayudar a resolver otro: la sombra de la fama de su padre. Einstein hijo luchó la vida entera por desarrollar una carrera como físico e ingeniero de manera independiente.
        Bastaba con que pronunciara su nombre para que le preguntaran cómo se sentía ser el hijo de un científico tan famoso. 'Habría sido desesperante si no hubiera aprendido a reírme de la molestia, desde la infancia. Lo que hacía a mi padre extraordinario, creo, era la tenacidad con la que se dedicaba a algunos problemas, aun luego de toparse con una solución errada. Siempre volvía a intentarlo, y una vez más. Probablemente el único proyecto al que renunció fui yo. Trató de aconsejarme, pero pronto descubrió que yo era demasiado obstinado y que perdía su tiempo'.
        Todo el desarrollo profesional de Einstein hijo, 'desde su graduación de la escuela de ingeniería en Suiza hasta su migración a Estados Unidos al comienzo de la guerra, estuvo relacionada con la hidráulica y el transporte de sedimentos', contó Winchester. 'Alcanzó gran fama y distinción en el campo, y conocía bien el Mississippi por misiones anteriores río arriba. La Estructura de Control del Río Antiguo, cuando finalmente se construyó, fue la creación de muchos, pero, primus inter pares, Hans Albert Einstein fue el hombre que decidió dónde debía ir, cómo se debía ver y cómo había que hacerla exactamente'.
El río Mississippi (la imagen muestra su delta) es el más grande y poderoso de los Estados Unidos
(Planet Observer/ UIG/ Shutterstock)
        Einstein hijo trabajaba en la Universidad de California en Berkeley cuando comenzó a armar un grupo para comenzar esa labor de Sísifo, en septiembre de 1955. Un año antes los proyectos antecedentes habían cesado 'a la espera de estudios más profundos', ya que había que resolver 'graves problemas de ingeniería' como el manejo de toneladas de limo y de fuertes corrientes.
        El equipo propuso tres estructuras separadas, cada una de ellas con los materiales más fuertes que se conocieran en el momento. En el punto más al sur del tramo, donde se dirimía que el Mississippi siguiera en su cauce y no hacia el Atchafalaya, un conjunto de compuertas y una esclusa que permitiera la navegación. Al norte, en una planicie que se inundaba con cada crecida, una construcción de acero y hormigón de 900 metros de largo con más de 70 bahías y compuertas que se levantarían cuando se presentara la necesidad.
        Y la pieza crucial, llamada Low Sill: la que detendría el 70% del caudal del río indomable y solo permitiría que el 30% restante pasara al Atchafalaya. Einstein calculó que la cabecera de agua podría superar los 10 metros y aun así la construcción debería mantenerse firme, una cantidad inconcebible. Pero cualquier cosa era posible cuando se trataba del río Mississippi.
        La obra resultante es 'una monstruosidad que no se ha valorado lo suficiente, de 152 metros de largo y 21 de alto, anclada de manera invisible en la tierra roja', describió Winchester. El cuadrado central de gris-marrón tiene dos altas grúas idénticas, 'parecidas a las criaturas de H.G. Wells en La guerra de los mundos, de puras piernas delgadas y enormes cabezas biseladas'. Cuando hace falta, una persona opera cada una para levantar las 'puertas de tres secciones de hierro de 30 centímetros de espesor' que cubren 11 entradas, cada una de más de 12 metros de ancho. Desde el lecho del río, unos metros más arriba, se elevan unos arcos de concreto que recogen el agua; corriente abajo, otras estructuras impiden que el agua salga de cauce y dañe los bancos del canal.
        Por encima de esa construcción monumental que Einstein hijo construyó está la ruta estatal 15. 'Los escasos automóviles y camiones que hoy pasan sobre los diques lo hacen a gran velocidad. Rara vez alguien se detiene, pero hay vallas para mantener a salvo a los curiosos', contó el autor de esta historia del Mississippi, que incluye un capítulo sobre la obra del hijo de Einstein.
        'Una vez, hace algunos años, me detuve. Estacioné a un costado, dejé mi vehículo y caminé por la pendiente para ver el espectáculo de la caía del agua río abajo, el rugido de las puertas abiertas, envuelto en grandes nubes de rocío', siguió Winchester. Desde un montículo observó cautivado 'los millones de toneladas de agua brava que salían del Mississippi'. Entonces una camioneta blanca se acercó: un cuidador le advirtió que bastaba un resbalón para ser despedazado en la caída.
Eduard, Mileva y a la derecha, Hans Albert,
publicada por Ciencia Histórica
        Durante la investigación de su libro solicitó permiso de visita, y un inspector lo llevó sobre una enorme rejilla de hierro desde la que pudo ver algo que le pareció mágico: una diferencia de más de cinco metros de altura en el agua a uno y otro lado. 'Varía, según la estación y por capricho', aclaró. 'Y son la razón de la existencia de todas estas criaturas monstruosas que diseñó Einstein'.
        La obra fue construida por el ejército de los Estados Unidos y se completó en 1963. Exactamente diez años más tarde, mientras Hans Einstein moría, hubo una variación climática inusual en el norte que hizo que el Mississippi causara inundaciones al bajar. Estuvo a punto de echar abajo el Low Sill: 'Presionó con tanta fuerza que se hicieron remolinos debajo, y las paredes protectoras se destruyeron, mientras que los cimientos de la presa resultaron erosionados hasta parecer hechos de pañuelo de papel'. Pero la construcción soportó esa embestida, y fue reparada. En 1986 se la apoyó con una estructura auxiliar, de otras seis enormes compuertas".
Fuente: Del sitio de información argentina Infobae.
https://www.infobae.com/america/eeuu/2020/05/20/como-hizo-el-hijo-de-einstein-para-domar-al-rio-mississippi-y-salvar-a-una-region-clave-en-estados-unidos/

La imagen de portada pertenece a la nota publicada por el sitio Infobae y lleva el siguiente epígrafe: "El hijo de Albert Einstein, Hans A. Einstein, fue el ingeniero que resolvió una estructura triple para desviar el 70% del caudal del Mississippi en Louisiana e impedir la destrucción de Nueva Orleans (AP)".

La foto de la primera esposa y los hijos de Einstein fue publicada por el sitio Ciencia Histórica.
http://www.cienciahistorica.com/2015/02/28/einstein-y-sus-hijos-nadie-es-perfecto/

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