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Defender la alegría


 por Mario Benedetti,
poeta y escritor (1920-2009)
Defender la alegría
como una trinchera,
defenderla del escándalo
y la rutina,
de la miseria y los miserables,
de las ausencias transitorias,
y las definitivas.
Defender la alegría
como un principio,
defenderla del pasmo y
las pesadillas,
de los neutrales y
de los neutrones,
de las dulces infamias,
y los graves diagnósticos.
Defender la alegría
como una bandera,
defenderla del rayo
y la melancolía,
de los ingenuos y
de los canallas,
de la retórica y
los paros cardiacos,
de las endemias y las academias.
Defender la alegría
como un destino,
defenderla del fuego
y de los bomberos,
de los suicidas
y los homicidas,
de las vacaciones y
del agobio,
de la obligación de estar alegres.

Defender la alegría
como una certeza,
defenderla del óxido y la roña,
de la famosa pátina del tiempo,
del relente y del oportunismo,
de los proxenetas de la risa.
Defender la alegría
como un derecho,
defenderla de dios
y del invierno,
de las mayúsculas
y de la muerte,
de los apellidos
y las lástimas del azar,
y también de la alegría.

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