Ella, y los precios que se pagan por amar

“Cada hombre tiene una imagen soñada de sí mismo con una mujer, y tu misión es hacer realidad 
este sueño. Cuánto más te acerques a este sueño, tanto más conseguirás satisfacerlo. Olvídate de los brebajes y de los perfumes. El hechizo consiste en conjurar este deseo y este sueño y darle vida. Si consigues hacerlo, tú también cambiarás y puede que llegues a amar al hombre”
frase atribuida a Cleopatra, en sus recomendaciones a 
Jenosheba, la más experta de las prostitutas egipcias.
        Nadie sabe a ciencia cierta cómo era el rostro del Cleopatra. Hay pocas imágenes que nos quedan, imágenes estilizadas que no indican cuán bello era su idolatrado rostro. Casi podríamos decir que es una figura que hay que armar en nuestra mente: quizá con el rostro de Elizabeth Taylor, o con el de Angelina Jolie, dos figuras de Hollywood que filmaron numerosas películas y supieron conquistar al público con sus interpretaciones de la Reina de Egipto.
        “Ella”, sin embargo, es más modesta. Y es argentina, porque es un personaje de la directora Susana Torres Molina, que ya nos dio obras de la talla de “Extraño Juguete” y “Ya vas a ver” para disfrutar sobre el escenario. Así, creó un personaje, Ella,  que no se ve pero se siente, a través de la palabra (y obviamente de la lucha) de dos hombres que pelean por una mujer que no conoceremos. Pero que imaginamos en la fantasía, en el deseo, en la pasión que ambos sienten por esa elusiva mujer que todo lo ocupa. No hay dudas, es Ella.
        Ella, la mujer sin rostro, es nombrada una y otra vez. Dos hombres la nombran, la buscan, la desean. Ella se deja nombrar, se deja buscar y se deja desear y poseer, sin dejar que la posean. Y he aquí el quid de la cuestión. Ellos se desesperan por verla, por amarla, por retenerla, y Ella parece estar más allá de lo que ellos quieren, y mucho más acá de su deseo, de su propia pasión, de su sexualidad.
        ¿Quiénes son ellos? Dos hombres de mediana edad, interpretados por dos grandes actores quilmeños, Jorge Graffigna (en el papel de “Marley”) y Pedro Navarro Robles (en el papel de “Iriondo”). Moviéndose en una escenografía muy bien resuelta, que nos muestra el interior de un sauna, estos dos personajes dialogarán primero, discutirán después, y la tensión irá subiendo hasta hacerse insoportable para ellos, que no pueden resolver su problema principal: Ella.
Junto a Jorge Graffigna, en el papel de Marley
        Marley es un hombre casado que tuvo ya su tercer hijo, y para quien Ella es una amante (muy) apasionada, y es probable que él la ame, aunque en un momento confiesa que “su familia está primero”. Siente vivamente el deseo que Ella le provoca, y jura que se escapará con Ella, cueste lo que cueste, caiga quien caiga.
        Iriondo miente, como miente Ella cuando quiere escaparse, pero él miente con una motivación ulterior: finge ser el (otro) amante de Ella, cuando en realidad es el marido que anda a la búsqueda de respuestas, para él, para Ella y para sus vidas. Respuesta que no encontrará, ya que la verdad es un trago demasiado amargo para que pueda soportarlo. Quizá sea que la ama, o quizá sólo la desea… Esos límites nunca son muy claros. Y frente a la verdad se precipita el doloroso final, el violento final, del mismo modo que cuando con nuestras propias manos rasgamos la realidad como un papel, como cartas que no queremos volver a leer, como vidrios que golpeamos  hasta que nos sangren las manos. Hasta que sangren. Y aún así, jamás se termina el dolor…
Junto a Pedro Navarro Robles, en el papel de Iriondo 
        Excelentes actuaciones de los actores, estupenda Dirección como siempre de Alejandro Casagrande,  la afiatada Asistencia General de Mónica Dargains, el apoyo permanente de Nora Camún, del Centro Cultural Polaridades de Andrés Baranda 842 de Quilmes Oeste. Ya nos han brindado sobradas muestras de su capacidad y profesionalidad. No sería ésta la excepción.
        Plutarco, que conoció a Cleopatra, decía: “No era tal que deslumbrase o dejase parados a los que la veían; pero su trato tenía un atractivo inevitable, y su figura, ayudaba de su labia y de una gracia inherente a su conversación, parecía que dejaba clavado un aguijón en el ánimo. Cuando hablaba, el sonido mismo de su voz tenía cierta dulzura, y con la mayor facilidad acomodaba la lengua como un órgano de muchas cuerdas al idioma que quisiese”. Qué sería lo que Cleopatra quería, ella a la que Isis le anunció que tendría muchos hijos. Ella quería ser Reina de Egipto y lo fue, quiso tener sus hijos y los tuvo, pero su trágico final indica que sería Cleopatra hasta el final,  y que sería ella la que decide marcharse de este mundo. Sobre ella, nadie. Hasta el final.
        Nosotros, mientras tanto, tratamos de pensar en Ella, en qué quería Ella, en qué deseaba para su vida. Ellos, los hombres, reconstruyen su rostro a partir de sus propias proyecciones, de sus propios deseos. Y están dispuestos a todo para que esa figura que han armado en sus mentes, a la que incluso llaman Frankenstein como si fuera un monstruo de pedazos de cuerpos, no se vaya. No se esfume. No se diluya como se diluye a la hora del amor y del deseo.
        La bronca, la violencia, no tardarán en llegar. Violencia enorme por dos situaciones que no pueden manejar (y de hecho nadie puede). La primera, la rivalidad entre los dos hombres, el ver quién es mejor a través del deseo de ella, a través del goce de ella, a través del relato que hacen ambos del recorrido de su piel. La segunda, la impotencia de saber que “algo” de Ella se les escapa, Ella que miente, Ella que no está donde dice estar. Es decir, pueden poseerla, pero no pueden dominarla. Ella es de ella misma, y sigue siendo Ella misma hasta el final, hasta cuando decide irse y se precipita la tragedia. Y un hombre no perdona jamás que una mujer sea Ella misma, nunca. A veces, un poquito de Ella misma puede ser, pero en pequeñas gotas. No más. No tanto como Ella es Ella. Lo mismo que le criticaban a Cleopatra, salvando las diferencias de espacio y tiempo.
        ¿La aman, o se aman ellos mismos? ¿La ven a ella, o se ven a sí mismos como "grandes hombres", "grandes amantes", "grandes provocadores del amor de Ella"? Difícil saberlo, como ya dijimos. “Aquí no estamos hablando de amor, estamos hablando de pasión, de hambre, de sed” confiesa Iriondo, que luego agregará: “Disculpe, tengo los nervios desechos, sufro de abstinencia, me arrojo yo mismo contra las paredes”. Se lamenta, y por eso la maldecirá: “Maldita, la deseo tanto, ¡tanto!”.
        Marley, el amante que lo mira con ojos desorbitados porque no esperaba encontrar un contrincante y mucho menos en el sauna, le pregunta: “¿La relación de ustedes es pasional?”, quizá esperando un “no” que lo alivie de la tensión que va creciendo entre los dos hombres. Iriondo le contesta lo que teme: “Fuego, me calcino en sus brazos y ella en los míos, cada centímetro de su cuerpo lo cubro de besos” y remata: “En ese momento le levantaría un altar”.
        Mientras tanto, Marley le confiesa lo suyo: “Después de cada encuentro respiro con alivio, porque es la última vez que la voy a ver; pero después su presencia empieza a invadir lentamente mi cabeza”. Y termina: “Yo lucho para que no pase, pero es inútil”. Es inútil, y ninguno podrá escapar: la rivalidad está planteada. No hay vuelta atrás.
Saludo final de dos grandes actores 
        Y no se resolverá fácilmente. No olvidemos que la palabra “macho” tiene origen en el griego, “machoós”, "el que pelea". Estos dos hombres pelearán como machos, pero Ella ya no estará presente, aunque ellos no puedan olvidarla.
        Ella… se ha ido.
        Sobre Ella, nadie.
        Hasta el final.
Después de los aplausos, los actores y el Director Alejandro Casagrande en un debate con el público sobre el tema de la violencia de género
Leamos esta entrevista del año 2015 del Diario Página 12 sobre la violencia de género y otra de las obras de Susana Torres Molina, “Ya vas a ver”
La gran Directora Susana Torres Molina
Las fotos pertenecen a Adriana Sylvia Narvaja, conductora del programa de radio "Algo Especial Protagonista del Presente", periodista y docente de Quilmes.
Frases de y sobre Cleopatra, del sitio “El Pensante”
La foto de la Directora Susana Torres Molina pertenece al sitio "Estática Oratorio para Cuatro Cuerpos"
https://estaticaoratorioparacuatrocuerpos.wordpress.com/la-autora/

¡Compártelo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario