Carta a un Corrupto, o la grieta imprescindible

        Hoy es sábado 9 de Julio, Día del Bicentenario. Ahora están pasando el Desfile por la televisión. Quizá lo estés viendo, puede ser. Yo sólo lo estoy escuchando, porque aprovecharé estos minutos para escribirte. Con los sentimientos a flor de piel. Quizá leas esta carta, quizá no. No importa. Como todo lo demás, lo haré igual.
        Mucho se estuvo hablando en estos meses de corrupción, y está bien que así sea. Por eso me decidí a escribirte, a vos, que sos político, empresario, sindicalista, qué se yo. O simple empleado, o policía, o estás en la guarda de un hospital. Un corrupto puede estar en cualquier lado, incluso, tristemente, estar al frente de un aula. Puede estar, como vos estás, escondido en cualquier parte. Y eso es lo peor: no estás escondido, estás entre nosotros.
        Te hiciste corrupto de a poco, lo sé. Te fuiste juntando con gente que ya era experta en el tema, y un día dijiste “¿y yo, porqué no?”. Pensaste que si todos robaban, vos no ibas a ser menos. Vos no ibas a ser “el gil”. Y pensaste también (aunque eso no sería pensar) que merecías más de lo que tenías. Que eras inteligente, y más aún, más vivo que los demás. Vos sí la sabías hacer…
Los chicos quilmeños, los jóvenes que serán en el futuro 
        El tiempo pasó, te fuiste abriendo paso entre la gente. Atrás quedaron tus amigos: ahora tenías compañeros de ruta que vos bien sabías que si les das la espalda te traicionan. “Bueno –pensaste- son los precios que hay que pagar…”. Y los pagaste. Los pagaste todos. Y por eso ahora, como vos mismo decís, “te va bien”.
        Yo, o mejor dicho, nosotros, desde aquí, algunas veces pensamos en vos. En vos que eras de los nuestros. A pesar de todo el daño que nos vas haciendo, incluso a veces tratamos de “justificarte”. Quizá tus propios padres te dijeron que “éste es un país de mierda” donde “hay que avivarse, si no te pasan por encima”. Puede ser. Vos creciste yendo siempre por izquierda: si los demás estudiaban, vos te copiabas. Si podías, te robabas algo en la escuela, a tus propios amigos, a tus compañeros. Lo mismo hiciste cuando trabajabas, o lo viste hacer y te callaste. De última, se podía arreglar. “Vamo’ y vamo’” fue la consigna.
Los jóvenes de la Peatonal Rivadavia de Quilmes
        Si robabas en el comedor del colegio, amenazabas a las maestras y llamabas al sindicato, ¿te acordás?. Si estabas en la oficina, siempre faltaba algo, siempre te llevabas algo a casa. Si estabas en la fábrica, te ibas llevando de a poco lo que tenías a mano. Los demás lo sabían, pero callaban. Te consideraban un amigo, y a un amigo no se lo traiciona.
        El problema es que fuiste subiendo, y fuiste acaparando bienes, plata o lo que sea. Si conseguías “Planes Trabajar”, te quedabas con la mitad, aun sabiendo que esa madre soltera necesitaba para la leche, aun sabiendo que a ese padre le faltaban las zapatillas de los chicos. “Y bueno –pensaste- que no se quejen, bastante que les conseguí el plan”. Y todo así…
        Llegaste a un cargo, y sabe Dios que lo usufructuaste como nadie. Chofer, secretaria de minifalda, qué más se puede pedir. Y chapa, mucha chapa, mucho traje y mucho celular para demostrar qué ocupado está uno cuando no hace nada. Absolutamente nada, además de tender redes por teléfono, redes para conseguir más bienes, más plata, más autos. “Y bueno –pensaste- mi familia lo merece todo”. Sí, corazón, lo merece. Pero merece dinero verdadero, no el tuyo. No el que proviene de todos nosotros, que para vos no somos nada.
Los chicos de los vendedores ambulantes de la Peatonal 
        Y no somos nada porque trabajamos. Porque damos de nuestro tiempo libre para que salgan las cosas de las cuales vos no te ocupás: para atender a los enfermos en los hospitales, a los chicos en los comedores, a los alumnos en las Cooperadoras Escolares, a los pobres en las Iglesias, a los desocupados en los merenderos, a los discapacitados en los eventos en favor de los más débiles, a los animales abandonados porque ni una campaña de educación te vimos imprimir. Afiches de tu lista para que te votemos, sí. Ahí gastaste un dineral, ¿te acordás? Claro, no era tu dinero. Era el nuestro. Pero bueno, los imprimiste igual. ¿Campañas contra el sida? No, de eso no vimos. ¡Y eso que era nuestra plata!
        Seguiste adelante, y nosotros seguimos también, como pudimos. Aumentaste tu patrimonio miles de veces, tantos miles de veces como aumentó la inflación. Nosotros nos vamos privando, mientras a vos te sobra. Dejamos de ir de vacaciones mientras vos recorrés el mundo. Claro que eso no te ilustra ni te hace mejor, pero no importa. ¿Quién no quiere estar en las grandes ciudades del mundo? Todos, claro. Pero la diferencia es que vos vas a estar. Con plata ajena. Nosotros no.
La vendedora de pochoclo y espumita de azúcar de la Plaza San Martín de Quilmes 
        Y muchos otros tampoco. Mientras vos pagás cenas carísimas, muchos van a la cama con hambre. Mientras vos ahora tenés una mansión, vos que vivías en una casita vieja, otros viven en cuatro chapas. Vos cada vez tenés más autos, nosotros no logramos erradicar los carros que llevan basura. Así de diferente está la cosa. Así de desigual…
        Por eso, y antes de que te encarcelen, si es que eso sucede en una Argentina sin Justicia, te escribo esta carta. Para que sepas que aunque vos pensás que nosotros somos todos “giles”, giles los niños, giles los obreros, giles los jubilados, giles las maestras, giles los bomberos, giles los buenos policías, giles los voluntarios, giles los proteccionistas, giles los que venden en el tren y se hacen un pesito, giles los que estudian, giles los que quieren progresar, no lo somos. No somos giles, somos el pueblo. Somos los que trabajamos todos los días. Somos lo que vos, en el fondo de tu corazón, quisieras ser. Pero como equivocaste el camino, ya no vas a serlo nunca. Tampoco vas a ser feliz, nunca más.
Mamás de Quilmes y el bebé quilmeño, el futuro que vendrá 
        Y por eso, y a pesar de todo, te cuento: nosotros sí tratamos de ser felices. Vos, con todo lo que conseguiste, no conseguiste evitar que te escupan un insulto cuando vas por la calle. Ya sé, ya sé, “son los precios que hay que pagar”… Que nosotros pagamos también, no lo olvides. Lo pagamos porque no tenemos agua, o no tenemos electricidad, o nos falta un puente, o no tenemos remedios, o los jubilados se mueren, o nos mata la inseguridad en la calle (vale decir que los delincuentes son como vos, se creen con derecho a robar justamente porque vos robás, porque para ellos también somos “giles”, como nos llaman). Porque en las escuelas no hay un espacio verde, ni una huerta, ni un microscopio, ni siquiera el viejo y querido esqueleto que nos hacía reír (a vos también te hacía reír…¿te acordás?).
        Bueno, ahora nos falta todo, mientras vos y los tuyos se llenaron de todo. Y encima hablan del “bien de la Patria”. O sea, afanando a cuatro manos, vos “le das a la Patria lo que necesita”. ¡Ay, mi vida, qué alejado estás de la Patria!. Qué lejos del corazón de San Martín, del de Belgrano… Claro, ya sé, vos no querías terminar como ellos, solos y pobres… Como terminamos muchos de nosotros, siempre y cuando no nos mate la inseguridad. Porque entonces no estaremos solos. Los canales de televisión estarán en la puerta de nuestra casa. Pero por razones diferentes por las que te entrevistan a vos…
La gente festejando el Bicentenario de la Patria en la Plaza San Martín de Quilmes 
        No querías, digo bien, terminar como ellos, nuestros próceres. Entonces usaste todos los medios posibles para llegar. Y lo lograste. Para esta sociedad corrupta, “sos un ganador”, y nosotros, todos, unos pobres tipos que todavía lloramos cuando cantamos el Himno. Vos lo cantás también, pero no llorás. Nosotros morimos sin gloria, y no serán eternos los laureles para nosotros. Habrá muchos médicos en hospitales pagando vendas y gasas de su bolsillo, profesores que pagan sus propias tizas y borradores, bomberos que no cobran un peso, policías que arriesgan (y pierden) todos los días la vida, jubilados golpeados y torturados para sacarle la jubilación, niños abusados por padres que no tienen la contención suficiente, madres agobiadas por falta de esperanza. Y mucha violencia para nosotros, todo el día. Muchos robos, en la casa, en la calle, en el subte, en el colectivo. A vos no te llega, ya sé. Tenés como mil custodios que te cuidan. Lo bien que hacen: es lo que deben hacer. Cumplen su deber. Vos ¿cumplís el tuyo?
        Por eso te escribo. Porque anduve por Quilmes hoy que es el Día del Bicentenario, y le saqué fotos a la gente. ¿Sabés? A pesar tuyo, a pesar de que no quedó nada, la gente todavía quiere ser feliz. Y no porque lo esté: tiene esa angustia adentro, esa tristeza de saber que de nuevo se perdió otra generación, como antes, como muy antes, cuando se perdieron otras vidas, otras posibilidades, otros talentos. Como cuando a Illia lo sacaron de la Casa de Gobierno. Como cuando se suicidó Favaloro, y la gente como vos no le atendía el teléfono.  Como en tantos momentos. Y siempre, alrededor, traicionando, había gente como vos. Muchos de los tuyos por cada uno de los buenos. Y por eso la gente está triste. Porque un día le dijeron que Argentina era “potencia”, otras veces le dijeron que “camina” y muchas otras cosas. Y ni llegó a potencia, ni camina hacia ningún lugar.
Los voluntarios de la Cruz Roja de Quilmes, el Día del Bicentenario en el festejo de Quilmes 
        Y encima, los tuyos, los que son como vos, amenazan a la gente. Se cansaron de mandar  a golpearla, a robarle, a torturarla, secuestrarla, pobre gente. Entonces, amenazan con voltear el gobierno (¡lo hicieron tantas veces!), con organizar saqueos (otra vez), con destruir, con golpear. Bajo amenaza todo se puede, eso lo sabés bien (los tuyos te lo enseñaron). Nosotros, desde aquí, nos rompemos la cabeza pensando cómo vamos a pagar la luz, el gas, o la comida de todos los días. Es cierto.
        Pero andá sabiendo algo…nosotros no olvidamos. No nos olvidamos de vos, querido corrupto. Aunque nos quieras distraer con programas de televisión de porquería. Con videítos de youtube en los noticieros que no cuentan lo que pasa. Que no cuentan LO QUE NOS PASA  A NOSOTROS. Sólo hablan de vos. Todo el día hablan de vos. De nosotros, sólo cuando nos matan a un familiar, o cuando alguna de nuestras hijas son secuestradas para la trata de personas. O cuando se quema un taller clandestino, ése que vos permitiste habilitar… total, uno más, uno menos. ¿No?
Bomberos Voluntarios de Quilmes hablando con los más chiquitos el Dia del festejo en la Plaza San Martín
        Bueno, yo quiero decirte, corrupto amigo, que a pesar de lo que digan, YO SÍ QUIERO LA GRIETA. Una grieta extensa, profunda, infranqueable. Y no una grieta entre partidos. Una grieta ENTRE VOS Y YO. Una enorme grieta honda como un precipicio. La grieta entre partidos políticos es puro cuento, la mía no lo es. LA MÍA ES ENTRE GENTE DECENTE Y GENTE CORRUPTA, entre trabajadores y corruptos como vos. Ahí pongo la grieta, y jamás la voy a sacar. Y seas quien seas, seas del partido que seas, ahí estará siempre. Y si muchos la ponemos ahí, quizá algo cambie.   Quizá las cosas cambien un día…
        Entre las fotos que saqué hoy, y que te mando para que veas, saqué también en la Catedral de Quilmes. Por ahí, quien te dice, se te da por arrepentirte y volvés con nosotros. Ésa es la diferencia entre vos y nosotros: nosotros no echamos a nadie, para nosotros somos todos argentinos. Para vos, en cambio, nosotros no somos nada. Pero por ahí querés volver… viendo las fotos de nuestra Iglesia tan querida.
La Catedral de Quilmes engalanada para el Bicentenario de la Patria 
        Le pedí a San Cayetano por todos los trabajadores. Con Él estaba San Antonio, para que nos dé Amor como pueblo que somos, y también estaba San Roque, y le pedí que vele por tantos animalitos que sufren por todas las campañas de educación que no hiciste, porque te quedaste con la plata. A ellos le pedí que no nos abandonen como nos abandonaste vos. A ellos les pedí y sé que no me van a fallar. A vos no puedo pedirte nada: estás lejos, estás del otro lado de la grieta. No me podés escuchar aunque quieras…Nos fallaste siempre.
        Dando la vuelta para salir de nuevo a la calle, en la Catedral vi la estatua de Cristo llevando su pesada cruz, y le toqué el piecito, como hacemos todos. Estaba frío, y me dio tristeza. Pensé que, como a Él, a muchos chicos les faltan medias y zapatillas, y quizá tengan los pies fríos también. Y quería decirte que estoy convencida de que es culpa tuya. Tus grandes motos, tus autos de alta gama, pronto te harán olvidar de esto que te estoy diciendo. Pero va a seguir siendo culpa tuya…
Catedral de Quilmes engalanada para el Bicentenario
        Porque no entendiste lo que es la Democracia, no entendiste que estabas donde estabas para bien de todos, y no para tus bolsillos. Porque pensaste que si la democracia era diálogo y tolerancia, bienestar y felicidad para el pueblo, bueno, “ésas son todas pavadas”. ¿O no? ¿No pensaste así acaso? ¿Cuándo pedías coimas, cuando te quedaste con “el diego”, no es cierto que no pensaste en Néstor, el chico wichi que murió desnutrido? “Y yo… ¿qué tengo que ver con todo eso?” sé que pensaste. Bueno, fue tu culpa. Te repito, fue tu culpa…
        Y hoy, que festejamos el Bicentenario, y mientras los soldados siguen marchando en la tele y están entonando la más hermosa de las Marchas, la “Marcha de San Lorenzo”, pienso en todo lo que quiero decirte, y creo que me quedo corta. Vi los chicos hamacándose en la plaza hoy, vi los jóvenes paseando por la Peatonal Rivadavia, vi al florista, al de la garrapiñada, vi al señor del kiosco de diarios que se levanta todos los días muy temprano para que vos le compres el diario con ese gesto de desprecio que hace rato que no te abandona.
Hermoso vitraux de la entrada de la Catedral de Quilmes
        Por eso te digo, corrupto, no sé si estás a tiempo de volver. Quizá sí, quizá no. Mucho daño nos hiciste a nosotros como pueblo. Muchas esperanzas teníamos, y hoy tenemos pocas, muy pocas. Una nueva generación avanza, y deberá abrirse paso en un país en donde no hay trabajo ni posibilidades. Como en generaciones pasadas, pero peor, porque ahora los trabajos son para tus amigos. Para los “tuyos”.  Y los jóvenes no tienen posibilidades, ni créditos para la vivienda, y muchos no podrán estudiar, mientras el nivel de la educación pública sigue cayendo. Ah, cierto, ¡vos salís por la televisión diciendo que la escuela “está mejor que nunca”! ¡Cómo te equivocás! Pero claro, no te importa…
        Bueno, voy terminando, corrupto amigo. Insisto en lo que te dije: quiero la grieta, y la quiero para siempre. Entre decencia y corrupción, una enorme grieta. Para que cada uno busque un referente político que lo represente, el que sea, pero que sea decente. Después, cada uno que piense como quiera… Pero que los decentes nos mantengamos todos de este lado. Todos unidos. Para darnos calor y abrigo, que quizá nos falte. Porque a muchos les falta, ¿sabés?  A muchos les faltan muchas cosas, entérate. Y el culpable, de nuevo te digo, sos vos…
Wuaka Sagrada en homenaje a los Indios Kilmes, en la Plaza San Martín de Quilmes
        Ahora te dejo. Mirá las fotos que saqué. Es mi gente, la de Quilmes. Pero podría ser de cualquier parte del país. Es de Quilmes. Ese Quilmes que era la “joya del sur” y hoy no es nada. Y sin embargo, si supieras qué buena gente hay aquí. Qué de músicos, qué de actores, qué de directores de teatro que tenemos, qué pintores, qué historiadores. Claro, ésos no salen por la tele. Salen los chorros, y salen los narcos (los amigos tuyos salen siempre). Si vieras qué gente más buena hay aquí. De hecho, te lo digo así: yo me hice más gente en Quilmes. Yo me hice gente. Yo, que venía de otro lado, aprendí a ser gente aquí. Así que mirá vos.. Yo me hice gente, y vos te hiciste menos persona. Pero bueno, así son las cosas...
        Te dejo ahora. Están desfilando los Veteranos de Guerra de Malvinas. Se me cae una lágrima. A ellos también los engañaron en su momento, y de la peor manera. Como a tantos, tantas veces, tantos corruptos como sos vos. De todos modos,  espero que no te hayas ofendido, no es la idea. Dios no quiere que juzguemos a los demás, pero yo no lo pude evitar. Tenía que escribirte estas líneas. Para que vuelvas con nosotros. Para que nos des una mano. Para que la gente no pierda la esperanza. Para que los alumnos vuelvan contentos a clase y quieran aprender. Para que los jubilados vuelvan a estar contentos. Para que los que trabajan sean “la gente importante” de nuestro país. No los que consumen, sino los que trabajan. Que son los importantes…
Bomberos Voluntarios de Quilmes
        Si volvés, (para lo cual te vas a tener que arrepentir de corazón...) mirá que los “tuyos” no te lo van a perdonar. Estate atento a eso. Vas a tener que devolver lo que robaste, y ni tu mujer te va a ir a visitar a la cárcel. No te va a perdonar que ahora va a tener que ir a comprar a la feria, y a la peluquería del barrio. Ella, que nunca se enteraba de nada, ahora lo sabe todo. Tus hijos también. Y ésa es la diferencia con nosotros: nosotros dormimos tranquilos. Y ayudamos a los que podemos.
        Vos, jamás vas a dormir tranquilo. Jamás, a pesar de lo que te llevaste.
        Jamás, como que hay un Dios.
Adriana Sylvia Narvaja,
periodista y docente de Quilmes

Las fotos pertenecen a la conductora de "Algo Especial Protagonista del Presente", Adriana Sylvia Narvaja, periodista y docente de Quilmes, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.  

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