Cuentos para niños

Pelufo y Tarantín
        Cuando pedí que me regalaran un cachorrito para mi cumpleaños, no pensé que mi mamá me iba a traer dos. Son dos perritos preciosos, marrones con las orejitas negras y los ojitos soñadores. Los llamamos Pelufo a uno y Tarantín al otro, porque mi papá dice que tienen cara de payasitos de circo. Y como son muy chiquitos les gusta jugar y se meten en líos.
        Y me meten a mí.
        Pelufo y Tarantín son muy compañeros en eso de hacer travesuras. Me agarran los chiches y los esconden por toda la casa. Cuando mi mamá pasa la lustradora, corren, patinan y dan vueltas carnero sobre el piso encerado. A mi hermano le muerden los cordones de las zapatillas y si se le cae la goma de borrar o la plastilina... ¡por ahí se la comen!.
        Un día mi mamá me pidió que los lleve un rato a la vereda, para limpiar la casa a fondo. Con ellos es imposible: se ponen a jugar con el trapo de piso, tratan de cazar el plumero y terminan tirando el agua del balde y chumbándole a la escoba.
        Así que yo me senté en la puerta de casa y me puse a vigilarlos. Pero en un minutito que me distraje, ¡se fueron corriendo detrás del gato del vecino!.
        Llegaron a la esquina y doblaron, y yo iba corriendo atrás. Después se metieron en un vivero lleno de plantas de la florería de la vuelta, rompieron macetas y tiraron las flores, todo por correr al gato. El dueño se enojó muchísimo y se puso a correr también detrás de Pelufo y Tarantín.
        A esta altura de la carrera, los competidores estaban en los siguientes puestos: adelante el gato; atrás los cachorritos; en tercer lugar iba yo, y último el dueño de la florería, dando gritos de “¡Socorro! ¡Auxilio! ¡Mis plantas! ¡Mis flores!”.
        Saltamos la verja y caímos en el gallinero de al lado, en el medio de las gallinas y los pollitos que armaron un revuelo bárbaro, mientras escapaban para todos lados.
        Yo los llamaba "¡Pelufo! ¡Tarantín! ¡vengan!". Pero ellos estaban dispuestos a cazar al gato sea como fuere, y yo sabía que el florista nos iba a cazar a todos nosotros y nos iba a hacer chas-chas en la cola.
        En eso sale el dueño de las gallinas, y al ver el desparramo de plumas de su patio, también se puso a corrernos. Ya éramos una multitud.
        Cuando llegamos a la esquina, el policía nos mandó detenernos, porque hacíamos mucho ruido y además cruzamos con el semáforo en rojo, pero como ni el gato ni Pelufo ni Tarantín saben qué  cosa son los semáforos, no se detuvieron y ahí estaba también el vigilante, corriendo detrás de nosotros.
        De repente, el gato esquivó una zanja, saltó un cerco y escapó. Pero los perros frenaron tan de golpe,
que todos nosotros caímos en el barro, unos encima de los otros.
Todos se pusieron a discutir y a chillar y el policía trataba de poner orden tocando el pito y haciendo boletas de multa para todos.
  Ahí yo aproveché y me fui por un costadito, llena de barro y con los cachorros contentísimos con la aventura que se habían mandado fuera de casa.
Cuando mamá nos vio, nos metió a todos en la bañadera de las orejas y después nos mandó a que pidiéramos disculpas y arregláramos todos los líos que habíamos hecho.
       Y así fue que pasé toda una tarde en la florería, acomodando las macetas caídas y barriendo la tierra desparramada,  mientras el florista, con la escoba en la mano y el ceño fruncido, custodiaba las plantitas.     También tuve que poner en orden todo el gallinero, juntar las plumas y convencer a las gallinas de que me perdonen.
Al final, trabajé un montón. Los cachorros, por un buen rato, no pudieron salir a pasear, al menos hasta que aprendieran a portarse un poquito mejor.
"Cuando sean grandes, saldrán con correa y chapa de identificación” – dijo mi papá.
Ya veo que los dos se van a poner a dar vueltas a mi alrededor y voy a quedar atada como un matambre.
Eso sí, ¡por delante de la florería mejor no pasamos! Daremos la vuelta por otro lado.  
FIN
Todos a jugar 
El enojado dueño de la florería puso un cartel prohibiéndole la entrada a todos los perros, especialmente a Pelufo y Tarantín (no sé por qué, si son unos santos!...). Descubrí el código secreto reemplazando los dibujitos por las letras.
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Código del cartel:
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“Evidentemente, el tipo es bastante tonto. ¡Si los perros no leen las letras, tampoco entienden nada de carteles!” dijo un prestigioso periodista perro que escribe en un diario para perros. 
Identificación de mascotas 
Siempre y sin ningún tipo de excusas los animales tienen que tener su chapita identificatoria.
Los animales, por varios motivos, se pueden perder y pueden escapar de su hogar, especialmente si es la época de celo. En todos los casos, los animales deben estar esterilizados, para evitar que se escapen y sufran todo tipo de males, y también deben estar identificados con una chapita donde figure su nombre y el número de teléfono del dueño. En todos los casos, EL DUEÑO SIEMPRE ES RESPONSABLE DE LO QUE LE OCURRA AL ANIMAL.
Foto de la cachorrita - Del sitio de Facebook de Adopciones Quilmes.
https://es-la.facebook.com/pages/Adopciones-Quilmes/68737772478
Foto del perrito envuelto en la bufandita - Del sitio Circo Viral.
http://circoviral.com/wp-content/uploads/2014/02/burritos11.jpg
Fotos de perros que hacen muchos líos cuando quedan solos en casa - Del sitio Circo Viral.
http://circoviral.com/perros-cuando-no-estas-en-casa/

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